Un año y medio
atrás, Marcelo Gallardo buscaba un reemplazo ante las partidas de Teófilo
Gutiérrez y Fernando Cavenaghi. Y apuntó a un futbolista que venía siguiendo
desde un encuentro de Copa Argentina en San Luis, cuando su ciclo recién
comenzaba en agosto de 2014. Aquella noche le gustó la actuación de un joven
delantero de Colón de Santa Fe. A partir de allí, nunca más le sacó los ojos de
encima. Hasta que llegó el receso previo a las semifinales de la Copa
Libertadores y se decidió: pidió a Lucas Alario para ser el número nueve de
River.
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por César Luis Menotti, el delantero, que por aquel entonces tenía 22 años,
llegó a Núñez por 2,6 millones de dólares por el 60% de su pase. Hoy, a los 24,
ya se ganó un lugar en la historia del club y lo sigue agrandando día a día:
anoche, en la final de la Copa Argentina, anotó tres goles -dos de penal- y
entregó una asistencia para el triunfo por 4-3 ante Rosario Central. Una vez
más se puso el traje de héroe, ese que más le gusta, y volvió a marcar -por
triplicado- en un encuentro donde todo estaba en juego. Con sus festejos,
elevando el brazo derecho al cielo tras besarse el dedo índice y el mayor de la
mano, el Millonario logró el sexto título del ciclo Gallardo -primero local- y
la clasificación a la Libertadores 2017.
Las pelotas que
hierven no le queman al joven nacido en Tostado, Santa Fe, pero criado en
Cuatro Bocas, Santiago del Estero, un pueblo de no más de 300 habitantes.
Porque no es la primera vez que Alario marca en momentos decisivos. En su
segundo partido con la camiseta millonaria, anotó en el 1-1 ante Guaraní en
Paraguay en la vuelta de las semifinales de la Libertadores. Luego, marcó en el
3-0 frente a Tigres en el Monumental para allanar el camino de la final. Y
siguió: en Japón, durante el Mundial de Clubes, consiguió el único tanto del
equipo en el torneo, en el 1-0 ante Sanfrece Hiroshima en las semifinales. Este
año también marcó en la obtención de la Recopa Sudamericana ante Independiente
Santa Fe.
La de Córdoba será
una noche inolvidable para el pueblo millonario y Alario la guardará siempre
entre sus mejores recuerdos. Todo se dio en un continuo vaivén de emociones,
donde la angustia y la vibración recorrían las tribunas en cuestión de minutos.
Es que River se puso en ventaja con el gol de penal del santafecino, pasó a
estar en desventaja, lo volvió a igualar por la misma vía, y nuevamente quedó
atrás en el marcador. Hasta que Gallardo movió el banco faltando veinte
minutos: a la cancha Iván Alonso y Rodrigo Mora en lugar de Andrés D'Alessandro
y Gonzalo Martínez.
Y allí se vio la
mano del DT. Porque fue el uruguayo Alonso, un jugador por el que el cuerpo
técnico tiene especial predilección, quien asistió a Alario de cabeza para su
tercer gol. Instantes después, cambiaron los roles: el joven le bajó la pelota
al veterano futbolista de 37 años, que se entrena como si tuviera veinte y que
recién volvía de una distensión que lo dejó cinco partidos sin jugar. Con su
gol, el Millonario comenzó a enfilar el destino de algo que ya se volvió
natural en los últimos años: gritar campeón.
Una vez más, River
está en lo más alto de la mano de Gallardo, el entrenador que eligió al
delantero de los goles importantes. No se equivocó.