El equipo de las luces esta vez se entregó a la defensa, tantas veces
criticada por el natural desequilibrio de aquellos que tienen un ataque
premium.
A no dudarlo: la Argentina ganó por el mérito de la última línea. La
pincelada de Di María empezó con Funes Mori, que anticipó como un relámpago un
avance chileno. Ahí nació la triangulación de la jugada que terminó en el
empate parcial.
Mercado, un optimista que siempre invade el área rival con el instinto
de los buscadores de tesoros, se animó a una pirueta que sirvió para la
victoria y para reacomodar al seleccionado en las eliminatorias.
Dos segundos antes, Otamendi estuvo atento en la segunda jugada y
devolvió la pelota a la zona de riesgo para que entre Messi e Isla habilitaran
al lateral de River. Apenas a Rojo le faltó algo más de participación.
Martino eligió la misma defensa de la victoria ante Colombia por 1-0,
en Barranquilla, y en Santiago pareció haber encontrado una señal de solidez y
recambio. Mercado (29 años), Otamendi (28), Funes Mori (25) y Rojo (26) le dan
robustez, velocidad para presionar más adelante y, como se vio, peso ofensiva
en el juego aéreo. Funes Mori y Otamendi fueron amonestados y no estarán contra
Bolivia.
En Córdoba otra vez empezarán las comparaciones, pero da la sensación de
que la Argentina encontró nombres que, potencialmente, llegarán a Rusia con una
edad y recorrido casi ideales. Será bueno, entonces, afianzarlos y darles un
partido tras otro para un conocimiento integral.
Casi siempre las luces se las llevan los de arriba, pero esta vez bien
vale detenerse en los más sacrificados, en los aguerridos. Después de todo,
cuando un ataque galáctico no puede lucirse, sobresale el esfuerzo de aquellos
que arriesgan las piernas para el corte y el quite, y que siempre miran todo desde
el fondo. Ellos también ganan partidos. Y sí, esta vez hubo que aplaudir a los
defensores.