Atlético venció a Rosario Central y avanzó a la final de la
Copa Argentina por primera vez en su historia. Luego del 0 a 0 en los 90
minutos, el "Decano" se quedó con la definición desde los 12 pasos
por 3 a 1. Ahora, jugará por el título ante el ganador de River-Deportivo
Morón.
El "Estadio Antonio Romero" de la ciudad de
Formosa se tiñó de celeste y blanco luego de un partido trabado y duro, jugado
mucho en la mitad de la cancha. Sobre todo en el primer tiempo.
Federico Carrizo tuvo la más importante para los
"Canallas", pero su tiro fue atajado por Cristian Lucchetti, una de
las figuras de la cancha, antes de salir lesionado. El conjunto tucumano casi
que no llegó al arco en los primeros 45 minutos.
El complemento favoreció al equipo rosarino, que buscó y
puso en peligro a "Laucha". Sin embargo, el 1 se mostró firme y hasta
atajó un penal. Washington Camacho no pudo con el arquero, que eligió tirarse a
la derecha y mantuvo el arco en cero.
Luego de esa jugada, Lucchetti salió lesionado y con un
fuerte dolor en el hombro. Alejandro Sánchez tomó su lugar bajo los tres palos,
y su destino ya estaba escrito.
En los penales, el suplente se lució y atajó los dos últimos
disparos de Central, convirtiéndose en la máxima figura de una semifinal
inolvidable.
Los penales
Para Atlético marcaron: Barbona, Ghral y Alvarez. Para Central marcó Carrizo y fallaron: Ruben, Rodríguez (atajó Sánchez) y Maurico Martínez (atajó Sánchez),
Central sumó otra frustración en la Copa y se quedó sin técnico
La derrota por penales ante Atlético Tucumán provocó además
un gran golpe a una apuesta futbolística e institucional.
"Con todo respeto, no da para analizar el partido, sólo les vengo a decir que tomé la decisión de dar un paso al costado". La frase sonó tajante de parte de Paolo Montero y fue la que la maraña de periodistas estaban aguardando.
Desde el pitazo final de Federico Beligoy, con la derrota sellada por penales, el mundillo futbolístico ya imaginaba sobre qué ejes iba a girar la conferencia del técnico uruguayo. Y fue así, Paolo ya no es más el técnico canalla después de haber quedado eliminado de la Copa Argentina, que era justamente el torneo que todavía lo tenía portando el buzo de entrenador en Arroyito.
El panorama estaba tan claro como el agua. No se hablaba demasiado del tema ni se realizaban declaraciones con tanta contundencia, pero nadie podía hacerse el distraído y pensar que después de la eliminación el técnico podía seguir al frente del grupo.
De aquí en más una
nueva historia por escribir, con un Central por el piso, devastado anímicamente
y sin objetivos importantes de aquí en más, a excepción del cosquilleo que
generará el clásico dentro de un puñado de días. Desde mañana Leonardo Fernández,
quien se consagró en la Copa Santa Fe, se hará cargo del plantel y después de
eso se verá.
Central sabía que tenía unas pocas balas más. Y Montero era
el principal actor en ese juego de la ruleta rusa a la que quedó expuesto el
equipo. El punto de quiebre era la Copa Argentina. Era clasificación a la final
y posible acceso a la Libertadores o el final de un ciclo. Ocurrió lo segundo.
Lo de anoche aquí en Formosa fue un mazazo para Central.
Porque hubo eliminación, el final de una historia que todavía cargaba con algún
mínimo resabio de esperanzas y también un final de ciclo futbolístico que tuvo
como actor principal a un Paolo Montero que sabía y ya había dado a entender
que cuando el equipo finalizara su faena en la Copa Argentina él y sus
colaboradores iban a tomar las valijas que hace tiempo estaban armadas, pero
que recién anoche emprendieron la retirada.
La no clasificación a la final fue el final del ciclo de Montero en Central.