Fue una noche atípica de Copa Libertadores en el Estadio
Monumental en varios sentidos. Primero, por la proximidad del superclásico: la
hinchada, por momentos, estuvo más pendiente del partido del domingo ante Boca
en la Bombonera que de lo que sucedía anoche en el campo de juego.
Segundo, por la alternativa formación inicial que eligió el
entrenador Marcelo Gallardo -sólo se repitieron tres jugadores con respecto al
equipo de la goleada 4 a 1 frente a Temperley- pensando más en el descanso de
los titulares en medio de un buen presente en la Copa. Y tercero, por la
rotación constante de posiciones y esquemas en los 90 minutos.
River, que con el punto aseguró su pase a los 8vos. de final, comenzó el duelo con un claro 4-3-3 con línea de cuatro (Mayada, Martínez Quarta, Lollo y Olivera), tres volantes centrales (Arzura, Domingo y Rossi), dos puntas (Mora y Auzqui) y un delantero de referencia en el área (Larrondo). Sin resignar su idea, y con futbolistas que no suelen jugar juntos, intentó lo de siempre: conexiones de abajo hacia arriba, rotación de la pelota constante en el medio y explosión por los costados. Allí fue donde basó su ataque en la primera mitad, con las duplas Mayada-Mora por derecha y Olivera-Auzqui por izquierda. Pero no fue punzante y no generó peligro.
Tal vez, la jugada más destacada del primer tiempo terminó
siendo un pelotazo cruzado de Lollo que le cayó a Larrondo, quien definió de
forma espectacular, pero en posición adelantada. Un gol que hubiera sido más
que celebrado, luego de lo que les costó a ambos poder estar bien físicamente y
ser titulares. Más allá de algunos problemas del defensor a la hora de marcar,
ambos tuvieron una actuación regular y no mostraron deficiencias físicas. Para
el delantero, esa fue la única chance clara, y luego aportó como pivote y
siempre se mostró activo, como un posible pase para descargar.
Sufrió poco River en defensa. Tal vez, la única llegada
clara previa al gol fue a los tres minutos, cuando un desborde de Mondaini por
izquierda derivó en un remate de Vides en soledad que se fue desviado. Pero en
el segundo tiempo, cuando el partido era muy chato y el Millonario ya había
pasado a un 3-4-1-2 por el ingreso de Mina -muy aplaudido- en lugar de Olivera
en el entretiempo, una desconcentración entre Martínez Quarta y Batalla le
sirvió la pelota a Preciado, quien le volvió a convertir a River, al igual que
en Ecuador, para anotar el 1-0.
Con el nuevo sistema, pasó a tener línea de 3 -Martínez
Quarta, Mina y Lollo-, con Domingo como volante central. Más adelante se
ubicaron Mayada y Auzqui por las bandas, y Arzura y Rossi en el medio, con Mora
y Larrondo de delanteros.
En el momento de menos reacción, tal como ocurrió ante
Temperley, llegó la situación esperada. Auzqui le robó una pelota al lateral
derecho ecuatoriano Moreno, quien lo tumbó cuando entraba en el área. Con un gran
remate, y segundos después de los ingresos de Alario y Driussi, en lugar de
Larrondo y Domingo, respectivamente, el uruguayo Mora puso el 1-1 de penal.
Y otra vez volvieron a cambiar las posiciones del equipo:
pasó a jugar 3-4-3, con Mayada, Arzura, Rossi y Azuqui en el medio, y Driussi,
Alario y Mora en ataque. Pero poco pudo hacer. En medio de tanto cambio, River
nunca logró profundizar ni ser incisivo. Es más, exceptuando el penal y las
situaciones anuladas por fuera de juego, remató con peligro una sola vez en
todo el partido y fue en el último minuto: un tiro de Auzqui hizo vibrar el
travesaño de Dreer. Así, River debió conformarse con un empate que, visto en el
contexto actual, no le cae mal: aseguró la clasificación a los octavos -no así
el primer puesto- y llega con una racha de 12 partidos invicto (9 éxitos y 3
empates) al superclásico.
En el medio se destacó también Rossi, en el rol de Ponzio:
luchó, se mostró y jugó constantemente.
De la mano de Gallardo, River jugó 23 encuentros por torneos
internacionales en el Monumental, contando Copa Libertadores, Copa Sudamericana
y Recopa Sudamericana. De ellos, ganó 17, empató cuatro y perdió dos (0-1 con
Cruzeiro en la ida de los cuartos de final de la Libertadores 2015 y 0-1 con
Huracán en la idea de las semifinales de la Sudamericana 2015). Además, nunca
perdió en casa en la etapa de grupos, y acumula 46 goles a favor y 15 en
contra.
"El domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos
que ganar" fue nuevamente el cántico de todo el Monumental y esta vez
hasta comenzó minutos antes de que el árbitro brasileño Anderson Daroco pitara
el final del encuentro. El incómodo partido con Emelec que obligaba a jugar el
calendario quedó atrás y los cañones ya apuntan hacia La Boca, el gran objetivo
dentro de un mes más que exigente.