Y ayer acató el adiós definitivo, cuando el pitazo final de su rica y extensa existencia como hombre del fútbol, comenzó a hacerle un lugar en el sitial de lo eterno y lo trascendente. Porque Walter Maldonado, quien acaba de morir entre nosotros, está pasando al pedestal más alto y sublime de sus afectos, de su familia directa, de su hijo arquero -como él llamado Walter-, y de todos aquellos que lo conocieron y compartieron algún momento de su vida, ya sea como futbolista o últimamente como director técnico.
En San Lorenzo de Alem, en San Martín del Bañado, en el fútbol de la Capital o el de Las Chacras, como estos días finales en la tierra del Señor de los Milagros; en el estadio "Malvinas Argentinas” o el "Primo Prevedello”, siempre habrá un recuerdo para encontrarse con su aspecto de hombre cordial y bueno, impregnado y desbordante de fútbol en todos los momentos.
Por eso no extrañó que ATFA (Asociación de Técnicos del Fútbol Argentino), Seccional Catamarca, comunicara su deceso "con profundo dolor”, trasmitiendo "las más sentidas condolencias a su familia”.
Y reflexionando que "se fue un director técnico de fútbol, un jugador de fútbol, pero esencialmente un gran compañero y una persona de bien”, con el ruego acongojado para que en paz descanse, al que nos respetuosa y sentidamente nos asociamos.