Aun así, venció a una Islandia más necesitada, pero a la que no le sirvió su habitual plan de empuje y juego directo. El partido comenzó como si el punto fuera bueno para los islandeses, que se pertrecharon atrás y dejaron el balón a Croacia, que lo tocaba sin prisa y también sin verticalidad.
De hecho, hasta mediada la primera parte no se rompió ese guión. Poco a poco, Islandia fue dando un paso adelante y rondando más el área rival, hasta el punto de acabar agobiando al rival.
Un balón peinado por Magnusson, tras un saque de banda largo, fue el primer aviso, a los que siguieron varias ocasiones, entre ellas un remate de Finnbogason que salió rozando el palo.
Tras el descanso, Croacia tomó aire, dio un paso adelante y volvió a imponer su juego. Milan Badelj, en el 51', avisó con un disparo al larguero y en la jugada siguiente, a los 53’ST marcó llegando desde segunda línea tras una acción por la izquierda de Pivaric.
Las ilusiones islandesas parecían desvanecerse por completo, pero si hay algo que tenga esta selección es optimismo.
Nada más encajar el gol, Ingason remató al arco y animó a los suyos, que lograron el empate en el 74' con un penalti transformado por Gylfi Sigurdsson, que había fallado uno ante Nigeria.
El gol dio esperanzas y avivó el empuje islandés, pero no le bastó. Tampoco tuvo fuerzas para ello. Volcados en los últimos minutos, dejaron huecos atrás y Iván Perisic (90’ST), llegando por la izquierda puso el punto y final. Pleno croata y desilusión islandesa.