Se trata de Ariel Juan Pedro Herrera, un humilde vecino del B° Campos Contreras Viejos, de Santiago del Estero, quien desde el domingo a la mañana y sobre una muy sencilla bicicleta, se dispuso transitar los 370 km., que lo separaban de la capital riojana, donde hoy jugará su “Ferro”.
El micro que trasladaba al plantel “aurinegro”, lo alcanzó este miércoles en plena marcha sobren la ruta nacional 38, a la altura de Chumbicha, lo que motivó una singular muestra de afecto de todo el plantel que dirige el “Sapito” Gustavo Coleoni. Todo el plantel, cuerpo técnico, jugadores y dirigentes descendieron para estimular el último “tirón” de su fervoroso y esforzado simpatizante.
Un vecino chumbichano que observó la escena desde su casa –a la vera de la ruta- decidió asistirlo, brindándole un almuerzo y una reparadora siesta, antes de que Herrera decidiera afrontar los últimos 90 km. que aún le faltaban para llegar a la tierra de Facundo Quiroga. Antes, en su paso por nuestra Capital, ingresó hasta el Santuario de “Nuestra Virgen del Valle”, implorando un “refuerzo” para su terrenal epopeya.
Hoy ya está en el viejo barrio de Vargas, donde luce esplendoroso el renovado estadio “Carlos Augusto Mercado Luna”, y donde Central Córdoba disputará el partido más importante de su historia.
Es que si hoy el “Ferro” gana pasará a la final de la Copa Argentina, y como regalía adicional quedará a noventa minutos de llegar a la Copa Libertadores de América 2020.
¿Por qué…?, es que si más tarde, en Córdoba, River se impone a Estudiantes de Caseros, será el otro finalista…; pero además, si el equipo “Millonario” le ganara el próximo 23/Nov. la final de la actual Libertadores a Flamengo, Central Córdoba accederá a la próxima edición de torneo subcontinental, resulte campeón o subcampeón de la Copa Argentina. Y, de esta forma, se convertiría en el primer equipo santiagueño y del interior –surgido de los torneos federales- en jugar una Copa Libertadores.
Tantos logros como los que hoy ilusionan a este humilde santiagueño, que en la certeza y convicción de su enorme empeño –como tantos santiagueños- encomendó parte de sus sueños a nuestra Virgen del Valle, quien lo acompaña desde la “proa” de su “bici” y con una imagen estampada en su pantalón de acostumbrado promesante.