Hace unos meses comenzó a gestarse la posibilidad de volver a esta emblemática montaña, con la idea de transitarla por una vía distinta a la que veníamos recorriendo, motivo por el cual elegimos hacerlo por la reconocida ruta de “Los Verdes”, que da inicio a la travesía desde la localidad de Las Juntas, departamento Ambato.
La identificación de esta “ruta” se remite al intenso color de las enormes y bellas lomadas que le dan nombre, aunque -para nosotros- esto aún resultaba desconocido. De allí que afrontamos este nuevo desafío con cierto grado de incertidumbre, agudizando el sentido de exploración que tanto atañe a esta actividad.
Luego de semanas de indagar mapas y “googlear” recorridos, con todos los detalles resueltos, sólo restaba la fecha del ascenso; dato no menor, que tras algunas complicaciones y compromisos pudo consolidarse el día 26 de diciembre de 2019.
Ya pasados los festejos y la resaca navideños, dimos apertura a este –para nosotros- descocido episodio, que nos trasladaría nuevamente al fantástico cerro El Manchao.
El día 26, bien de madrugada, partimos desde el barrio Los Nogales (1551 msnm) hacia la puerta del camino. Una mañana nublada, templada y agradable hacían amena la caminata en sus primeros minutos, pero con el correr del tiempo la humedad pasó a tomar un importante protagonismo.
Aproximadamente a los 2000 msnm nos adentramos en un bosque de pinos de gran envergadura, que nos dejó impactados por su belleza, la que tratábamos de captar con nuestras cámaras de fotos. Con la visión de este paisaje, lográbamos contemplar y admirar el característico color verde de la zona, encaminados en dirección oeste y disfrutando de cada pisada, por más dura que fuera.
El andar se hacía entretenido sorprendiéndonos, constantemente, con la variada flora y fauna del lugar, manifestando vida salvaje en todas direcciones. La vista inquieta, curiosa e incontrolable por momentos, provocaba que diéramos pasos en falsos en el sendero. Vacas, caballos, lechuzas, liebres, perdices y grandes ejemplares de cóndores forman parte del magnífico repertorio visual de la primera mañana.
Cerca del mediodía nos acerábamos a los 3000 msnm, donde se evidenciaba un cambio del paisaje, dejando progresivamente el verde para asomarnos a un panorama de amarillento pajonal y grandes piedras grisáceas.
A las 13.05 hs. llegábamos a nuestro objetivo del día: el valle de Las Tinajas, ubicado a 3065 msnm, lugar donde primero almorzamos y luego nos refrescamos en su arroyo de agua permanente, descansando y relajando los músculos tras el intenso caminar de aproximadamente 16 Km. y ganados 1500 metros de altura. Pasado este aliviador momento, entre charlas y mates planificamos el día posterior.
Bajo un cielo estrellado y de ensueño, siendo las 5.15am iniciábamos el segundo día de caminata, anticipándonos al amanecer para aprovechar las horas más frescas de una jornada que sabíamos iba a ser por demás calurosa. Apenas dos horas nos llevó conquistar el tramo que une Las Tinajas con el Primer Campo (3406 msnm) y casi una más para llegar al Campo Grande (3600 msnm).
Allí, dejaríamos momentáneamente parte de nuestro equipo y alimentos, cargando unos litros de agua extra en su arroyo, con la finalidad de avanzar más livianos y con apenas lo necesario para el resto de la mañana y el día siguiente, en el intento de la cumbre.
A continuación, procedimos a remontar una quebrada en dirección sudoeste y, tras aproximadamente 3 kilómetros, llegamos al segundo lugar de acampe: Campo de Minas (3960 msnm), siendo las 11 am.
Las estadísticas de la actividad nos arrojaban un total de 8,5 Km. de marcha y 1080 metro de desnivel positivo desde donde partimos.
Luego del almuerzo, nos recostamos debajo de una gran piedra que nos albergaba con su fresca sombra mientras las charlas fluían, al igual que las horas del día. De este modo nos preparamos para el ansiado intento de la cumbre, y apenas después de una merienda/cena, acomodamos las bolsas de dormir para descansar en la modalidad vivak, con la protección de las añejas pircas y las grandes moles de roca del lugar.
Después de una noche un tanto incomoda (tal vez por la ansiedad), comenzamos con los preparativos a las 3:00 am. Ya alistados, con linternas y un brillo especial en los ojos, partimos a las 3.55 am hacia el techo del cordón del Ambato.
El terreno, por tramos, es escarpado, sin tanta dificultad técnica pero con algunos barrancos atemorizantes, que nos obligan a prestarles una cuidada atención.
Fascinados con la vista de los iluminados valles, avanzamos deduciendo qué localidades eran las que divisábamos debajo de nuestro transitar por encima de los 4000 msnm. Y, contemplando el amanecer, nos aproximamos a la conocida Pampa del Manchao, alrededor de las 6:00 am.
Sin prisa pero sin pausa, progresamos en la montaña, dejando atrás estribaciones tras estribaciones, hasta que al fin nos encontramos a metros del ansiado destino. Unas bocanadas de aire y la frescura de algunas nubes que nos acechaban, eran los impulsos necesarios para los últimos pasos cuesta arriba. Las voces de aliento mutuo prevalecían en tan conmovedor momento en medio del maravilloso paisaje, y al cabo de trajinar más de 8 km., a las 7.38 am concretamos la llegada a la cumbre.
Abrazos, felicitaciones y emociones compartidas colmaron la altura y significación del logro, en una mañana extraordinaria en todo sentido.
Después de recuperar el aliento dejamos nuestro testimonio en el libro de cumbre y nos dirigimos hacia La Cruz, técnicamente el punto más alto de la sierra.
Cuidadosamente, pudimos sortear los barrancos hasta llegar a la mencionada señal y, después de la foto, volvimos a la seguridad de la cúpula.
Tocaba la hora de volver. De eso se trata, de andar y desandar. Aún faltaba la mitad de la expedición.
Luego de una hora en la cúspide, descendimos hacia Campo de Minas a recoger parte de nuestro equipamiento, empleando cerca de 2 hs. para cumplir con ese trayecto y partir nuevamente al Campo Grande, a recuperar el resto de nuestras pertenencias.
A llegar a este último sitio la sorpresa nos la dieron los truenos, que nos obligaron a cargar en el menor tiempo posible todo lo que dejamos y partir velozmente, a contrarreloj de la tormenta, hacia el Campo 1.
Sin embargo, no pudimos sortear a tiempo esta tempestad que se desató sobre nosotros al remontar la subida del filo que une ambos valles, mostrándonos toda su ferocidad con ráfagas de viento, acompañadas de granizo y rayos, que buscaban dejar su marca en la tierra. En esos instantes advertimos que no es casualidad que “Manchao” signifique “lugar del miedo”. Fundamentos sobran.
Prácticamente corríamos. Escapábamos como podíamos de la tormenta. El alivio llegó cuando alcanzamos el llano que nos aproximaba al Primer Campo, donde pudimos refugiarnos.
Tras una hora de espera y despojados de la ropa mojada, la inestabilidad cesó y pudimos emprender camino hacia Las Tinajas para dar por finalizado el tercer día de esta aventura. Pasadas las 16 hs. mateamos y alistamos todo para el último tramo de la siguiente y última jornada.
Apenas se agotó la luz solar, el cielo se tapó intensamente y una nueva tormenta nos brindó un espectáculo “de luces y sonidos” sin igual, que duró hasta el amanecer. Pese a ello, pudimos descansar con normalidad y a las 6.15 am abrimos camino de regreso a Las Juntas.
La mañana fue esplendida para caminar y tomar fotografías. Cómodos y a gusto, nuestro descenso fue muy agradable, al margen de algunos inevitables porrazos en las zonas lodosas. Igualmente, llegamos en buen estado al final del recorrido y, pasadas las 11 am, estábamos a bordo del auto que nos devolvería a nuestros hogares.
Sin dudas, fue una experiencia inolvidable y con numerosas anécdotas para narrar. El Manchao es una montaña por la que tengo un enorme sentimiento y que, al abandonarla, me introduce en una zona de nostalgia con anhelos de regreso. Habrá momentos para volver, por suerte las montañas siguen ahí…
Agradecimientos a Fredy Kunz, quien nos facilitó el hospedaje previo en Las Juntas. Y, en especial, a mi fiel amigo y compañero en estas locuras, Imanol Uriarte Buteler, por la complicidad y el apoyo incondicional reflejado en cada instancia.
Branco Joel Soria Suarez
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