Más allá de que en el comienzo del partido River protagonizó algunas situaciones de ataque, el primer cuarto de hora fue de Millonarios: el equipo colombiano se adueñó de la pelota y tuvo la iniciativa. El equipo de Martín Demichelis perdió el mediocampo y juega muy cerca de Franco Armani.
River logró equilibrar el mediocampo y a partir de allí emparejar las situaciones. Los dos equipos llegaron con peligro al área contraria, pero la más clara fue del equipo colombiano: tres tiros en la misma jugada. Primero Armani salió a achicarle a Quiñones, pero el rebote le quedó a Daniel Giraldo que intentó cabecear al espacio vacío, sin arquero, pero la sacó Emanuel Mammana y tras el nuevo rebote y disparo de Daniel Cataño, la última salvada fuera de Elías Gómez.
Por eso los primeros 45 minutos fueron amarretes. Los dos tuvieron situaciones y si River no logró pasar al frente, fue porque las situaciones no tuvieron la puntada final adecuada: Ezequiel Barco, Flabián Londoño y Tomás Castro Ponce se anotaron los remates más punzantes, pero sin hacer daño.
Del otro lado lo mismo. Las situaciones claras no tenían el final esperado. Principalmente por la respuesta de Armani y los anticipos aéreos en defensa. En el mano a mano por abajo, con los pies, River mostró más dificultades. Por momentos, le ganaron la espalda con facilidad.
Pero si se trata de dificultades, Demichelis sorteó con éxito la primera que se le presentó. Porque Millonarios le cortó el circuito en el medio, primero, y le cerró el ataque por el centro, después. De a poco, el equipo de Núñez abrió el juego por los costados -los laterales comenzaron a hacerlo desde el fondo- y después de cruzar el medio, River tenía bien abierta la cancha y a partir de allí multiplicó las situaciones.
El segundo tiempo comenzó con otra dinámica. Fue River el de la iniciativa, apoyado en la frescura de José Paradela, que encabezó un contragolpe rapidísimo que no tuvo la construcción colectiva apropiada para que termine en gol.
De tanto en tanto, Millonarios se anota con alguna llegada que, también en la segunda parte, tenía a Armani con la respuesta adecuada. Y cuando no -una apilada y desborde de Cataño, por ejemplo- apareció Peña Biafore para sacarla en la línea.
La apertura del marcador llegó a partir del oportunismo y la buena ubicación de un defensor cuando está en ataque. Porque tras un tiro de esquina, Zuculini conectó un cabezazo que el arquero tapó con rebote. Ahí estaba Mammana para empujarla, con la frialdad de un delantero.
River lo aguantó a partir de la diferencia y cuando a seis minutos del final se quedó con 10 por la expulsión de Peña Biafore, se resguardó y mostró su mejor versión: con el rival volcado en ataque, hilvanó un contragolpe bárbaro con Borja, que llegó mano a mano ante el arquero y no evitó el choque para tener un penal. El Colibrí lo pateó a su derecha y Montero había elegido la otra punta.