El secreto está en el rebote en trampolín, o rebounding, una disciplina que combina intensidad y bajo impacto, y que hoy gana popularidad entre influencers, deportistas y expertos en salud.
Qué descubrió la NASA
En 1980, la agencia espacial evaluó los efectos del ejercicio en trampolín comparado con la cinta. Ocho jóvenes realizaron sesiones mientras se medían variables como frecuencia cardíaca, consumo de oxígeno y esfuerzo biomecánico. Los resultados fueron sorprendentes:
- Mayor estímulo físico general: Trabaja músculos, huesos y articulaciones más que correr, manteniendo una frecuencia cardíaca similar.
- Hasta 68% más trabajo mecánico: A igual nivel de oxígeno, el rebote produce casi el doble de trabajo físico.
- Mejor recuperación post-ejercicio: Ideal para progresar rápido.
En otras palabras, 10 minutos de rebote equivalen a 30 minutos de running.
Beneficios del rebote
- Entrenamiento completo: Activa músculos de todo el cuerpo, no solo las piernas.
- Bajo impacto: La colchoneta absorbe hasta el 85% del impacto, cuidando articulaciones.
- Apto para todas las edades: Seguro para personas mayores o con molestias articulares.
- Efecto cardiovascular: Puede alcanzar hasta el 79% de la frecuencia cardíaca máxima recomendada.
Cómo empezar
La entrenadora Aly Giampolo recomienda comenzar con sesiones de 5 a 10 minutos, 3 o 4 veces por semana, aumentando intensidad gradualmente. Lo mejor: se puede hacer desde casa, con un minitrampolín y sin gastar en gimnasios ni traslados.
El rebote no solo quema más que correr, sino que además cuida tus articulaciones y ofrece un entrenamiento integral, ideal para quienes buscan eficiencia y practicidad.