En un giro inesperado, Mazza se rompió el antebrazo al intentar finalizar a su oponente, la estadounidense Emily Hansen, con un movimiento de sumisión que prometía ser exitoso.
El combate de peso paja, de seis minutos de duración, tomó un rumbo dramático en su segunda mitad. Mazza logró una posición ventajosa al tomar la espalda de Hansen y aplicó un estrangulamiento. Sin embargo, mientras intensificaba la presión, un fuerte chasquido interrumpió la secuencia. La propia Mazza, en un acto de deportividad, interpretó erróneamente el sonido y detuvo la sumisión, pensando que había lastimado a su rival.
“Tan bien que ni siquiera sentí que mi brazo se quebrara al chocar con su barbilla”, relató Mazza en sus redes sociales, revelando el asombroso momento de confusión. Solo segundos después, al ver que Hansen no mostraba señales de dolor, la brasileña se dio cuenta de que el sonido había provenido de su propio antebrazo.
El árbitro Vitor Shaolin Ribeiro detuvo el combate, y Mazza fue retirada para recibir atención médica, decisión que sorprendió a los espectadores, ya que una lesión de este tipo es extremadamente atípica en el jiu-jitsu.
Las redes sociales se inundaron de comentarios de sorpresa y desconcierto. “Guau. Nunca había visto eso”, escribió un usuario, mientras que otro expresó: “No sabía que eso podía pasar”. La lesión de Mazza generó un debate sobre los riesgos ocultos del deporte y la tenacidad de los atletas.
A pesar del revés, la luchadora mostró un espíritu admirable. Desde el hospital, compartió una foto sonriente con un mensaje lleno de optimismo:
“Gracias a todos por el cariño y los dulces mensajes. Sigo sonriendo y volveré mejor. Pero ese regreso a la alfombra... ¡Joder, me sentí bien ahí fuera!”.