Peter Grance no es un futbolista como cualquier otro, desde que dio sus primeros pasos en Boca tiene una característica casi única en el fútbol de nuestro país que salta a la vista al verlo jugar sin demasiado detenimiento: nació sin la mano izquierda. Sin embargo, eso no le impidió construir una carrera como futbolista profesional que lo llevó a fichar en enero por Los Andes.
En una entrevista, Grance, de 26 años, repasa momentos clave de su carrera como su convocatoria a la Selección Argentina sub 20, su sacrificio para imponerse a las adversidades y aconseja a jóvenes con discapacidad que sueñan con alcanzar el éxito deportivo como él.
¿Cómo empezaste a involucrarte en el deporte?
— Desde muy chico, porque mi familia siempre fue futbolera. Empecé en el baby, arranqué jugando en Juventud de Tigre y ahí fui haciendo mi carrera de a poco. Un día el presidente me ofreció una prueba en Boca y sin dudarlo le dije que sí. Estuve tres días hasta que me dijeron que había quedado.
¿Recordás el momento en el que te dieron la noticia?
— Obvio, fue Diego Mazzili (N. de la R.: excaptador de juveniles del Xeneize), el que me dio la noticia. Yo era chico, pero fue una locura porque jamás en mi vida pensé que iba a jugar en Boca, por eso fue tan lindo.
Me quedó un recuerdo muy lindo de mucha gente del club, trabajé con gente muy capaz como Rolando Schiavi, también me tocó ser compañero de, por ejemplo, Leonardo Balerdi, Agustín Almendra y Ezequiel Cañete.
El mundo Boca te empieza a exigir de muy chico y sin darte cuenta vas aprendiendo a ganar y a competir en todo lo que juegues siendo protagonista.
¿Te quedó la espina de no debutar?
— Sí, totalmente, estuve a un paso y justo fue la pandemia, ahí estuve dos años sin jugar y me costó muchísimo volver, pero igual estoy muy agradecido al club, gracias a ellos soy jugador profesional.
Peter Grance recuerda el día que fue convocado a la Selección Argentina Sub 20
Llegaste también a la Selección Sub 20, ¿cómo fue el día del llamado?
— Estaba entrenando en Casa Amarilla y el profe me llama aparte y me dice: “Tenés que ir a la Selección”. Yo no entendía nada. Creí que me estaba boludeando. Después otro entrenador me dijo lo mismo y luego un compañero también, lo primero que pensé fue que entre todos me estaban haciendo una joda, no entendía nada. Después me hicieron abrir el mail y ahí estaba la citación.
Fue una locura. Ni siquiera pude comer ese día, volví a mi casa en el tren y lo que sentí fue increíble. Cuando llegué me guardé la sorpresa hasta que lleguen mis hermanos del laburo a la tarde y ahí les conté a todos.
Ese día lloró toda la familia, fue un momento único y junto a debutar lo más lindo que me tocó en el fútbol. Para esas dos cosas yo me preparé, las quería y las pude lograr. Me marcó porque me demostró que yo era capaz y que toda mi preparación había servido, fue algo que despejó mis dudas de dejar el fútbol y me permitió dedicarme a esto.
¿Qué tan cerca estuviste de dejar el fútbol?
— Muy, muy cerca, junto a la pandemia llegó el cambio de dirigencia, asumieron Riquelme y demás y yo por la yaedad tenía que firmar contrato o no podía seguir, mientras tanto todo estaba parado y yo no sabía qué iba a pasar conmigo.
No podía ir a entrenar y estaba frenado sin hacer prácticamente nada. Mi representante se terminó encargando de conseguirme club cuando terminó todo para que pueda seguir jugando.
¿Alguna vez te sentiste discriminado?
— Por suerte nunca, obviamente escucho las puteadas de los hinchas, pero no soy de ponerme a darle importancia a esas cosas, hago oídos sordos.
¿Te costó dejar de darle importancia o siempre lo tuviste naturalizado?
— Siempre lo tuve naturalizado, desde muy chico estoy muy acostumbrado a vivir así y a arreglarme con muchísimas tareas que se me hacen sencillas, aunque a otros les cueste capaz un poco más. No me interesó jamás lo que me digan, nunca le di importancia.
¿Qué le dirías a los pibes con discapacidad que sueñan con vivir del deporte?
— Principalmente que se van a ir acostumbrando a vivir con discapacidad. La costumbre y como conlleva uno eso con la familia es lo esencial para todo esto, después está en lo que quiere uno.
Una familia siempre va a hacer esfuerzo para que tengas lo mejor, pero no para que seas jugador profesional, ese sacrificio lo hacés vos mismo.
Yo recomiendo no darle importancia al qué dirán, eso es clave. Hay que seguir para adelante en busca de lo que uno quiere.
Grance, hoy en el Milrayitas, asegura haberse adaptado al grupo pese a que le costó un poco durante las primeras semanas.
El marcador de punta ya tiene vasta experiencia en las categorías de ascenso de nuestro país, tras su salida del cuadro de la Ribera, pasó también por Sacachispas, Gimnasia de Jujuy y San Miguel, dejando un grato recuerdo en los clubes donde pasó, por su humildad y calidad humana.
El conjunto de Lomas de Zamora tuvo un inicio algo irregular en las primeras nueve fechas de la Primera Nacional, pero le alcanzó para mantenerse sexto en la Zona A, a falta de un tercio del campeonato por delante.
Desde lo futbolístico Grance no decepcionó, fue titular en los siete partidos que disputó y asistió en dos de los seis goles que marcó su equipo, demostrando que su discapacidad no es un impedimento para romper barreras y seguir soñando.