El clima en Brandsen 805 ya empezó a jugar su partido. A horas del duelo decisivo frente a Universidad Católica por la última fecha de la fase de grupos de la Copa Libertadores, en los alrededores de La Bombonera volvieron a aparecer carteles con una frase que se instaló con fuerza tras el polémico empate ante Cruzeiro: “Boca contra todos”.
El lema, acompañado de "no se metan con Boca", comenzó a circular apenas terminó el encuentro frente al conjunto brasileño, un partido cargado de bronca interna por las decisiones arbitrales de Jesús Valenzuela que dejó al Xeneize sin margen de error en el Grupo D.
Primero fueron pasacalles colgados en las inmediaciones del estadio; ahora, más de una semana después y en la previa de una verdadera “final”, el mensaje volvió a hacerse visible en Brandsen 805.
No es casualidad. El partido ante Cruzeiro quedó marcado por las polémicas y por la sensación instalada en Boca de haber sido perjudicado por el arbitraje venezolano. Las interpretaciones de Jesús Valenzuela en distintas jugadas de mano encendieron el enojo tanto dentro como fuera de la cancha y generaron un fuerte malestar puertas adentro.
Los protagonistas no ocultaron su fastidio aquella noche. Leandro Paredes protestó en pleno partido, Miguel Merentiel dejó mensajes en redes sociales y el propio Claudio Úbeda hizo referencia al arbitraje en varias respuestas durante la conferencia de prensa posterior al empate en La Bombonera.
Con el correr de los días no hubo una postura institucional pública desde Boca ni declaraciones oficiales que profundizaran el reclamo.
Sin embargo, el mensaje en las calles habló por sí solo. Los pasacalles primero y ahora las pancartas terminaron reflejando el sentimiento de una parte importante del mundo xeneize, convencido de que el equipo fue perjudicado en un partido clave.
En ese contexto, Boca afrontará este jueves un encuentro límite ante Universidad Católica. Necesita ganar para asegurar su clasificación a los octavos de final de la Libertadores.
Y mientras la tensión crece, en La Boca ya se empezó a jugar otro partido: el del clima, la presión y el sentimiento de estar, una vez más, “contra todos”.