Sin dudas, no se trata de una medida acertada del gobierno radical. La dignidad se defiende con hechos palpables y que puedan ser percibidos, en su justa medida, por el conjunto de la ciudadanía. No con exteriorizaciones que parezcan o directamente signifiquen “poner palos en la rueda” a la administración entrante.
El detalle debió ser contemplado para evitar lo que ya se percibe en el alma social: que hay una intención clara de dejarle al gobierno de Lucía Corpacci la mayor cantidad de problemas posibles. Eso, por las dudas lo aclaramos, es puro boomerang. Solamente sirve para hacer más deslucida la salida del gobierno.
A tanto llega el tema, por lo que comentan actores principalísimos, que se está hablando que no habría plata para pagar el sueldo de los empleados y el aguinaldo. El gobernador, con una ironía que no se corresponde con su calidad de jefe de Estado, ha salido a desmentir la especie y, por el contrario, ha dicho que dejará “una provincia ordenada” y mucho mejor que aquella que recibió, de manos de Oscar Castillo, en el año 2003. Ya veremos cuánto de certeza hay en sus expresiones.
Reconocimiento de la deuda
En su afán de ajustar el discurso y de dotarlo de ironía, sin embargo, el jueves a la tarde Brizuela del Moral cayó en su propia trampa, lo que no fue reflejado por la gran mayoría de los medios.
Para justificar que entregará una mejor provincia que la que gobernó Oscar Castillo, ha expresado que la deuda que tenía Catamarca con la Nación ha sido reducida de 1.500 a 1.000 millones de pesos.
Primero reconoce, como nunca antes, que hay deuda. Y las deudas hay que pagarlas. ¿Quién la pagará? El gobierno peronista, aquel del mismo signo que en 1991 no dejó deuda alguna.
Segundo: se alaba de un logro que no lo exime de responsabilidades previas. Si mermó 500 millones de la deuda que le dejó Oscar Castillo, hay que reconocer que el déficit que construyó éste último también involucraba a Brizuela del Moral. ¿O acaso no fue, en los años del endeudamiento, intendente de la Capital por tres períodos consecutivos? ¿O no pagaba los sueldos con los bonos que emitía el gobierno provincial?
Tercero: si tanto le preocupaba la deuda no habría solicitado autorización para, vía Legislatura, lograr un empréstito de 200 millones que finalmente no tomó. Mucho menos aceptar el plan de desendeudamiento que le ofreció Cristina Fernández de Kirchner y que, desde fines del 2010, le permite a Catamarca ahorrar casi 20 millones por mes.
Cuarto: ya es tarde “para llorar sobre la leche derramada”. Brizuela del Moral debía haberlo hecho en el 2003, al momento de asumir, pero no lo hizo para tapar las miserias radicales de las que fue, directa o indirectamente, copartícipe.
Tampoco denunció otros “legados” del Castillismo como EDECAT; jubilaciones de pantalones cortos y pérdida de los derechos catamarqueños para sus jubilados; desaparición del Banco de Catamarca; la privatización espuria del Casino y tantos otros desaguisados que se cometieron en el período 1991-2003.
Las últimas miserias
Este festival de gastar el dinero del Estado, a escasos días de traspasar el mando, no cae bien. Lo mismo que los anuncios del presidente de la Cámara de Diputados o el intendente Morra que, en actitud irresponsable, reparte plata del Estado a horas de dejar el municipio que le confiaron todos los ciudadanos, no solamente los beneficiarios de los regalos.
¿Qué es esto de distribuir, desde las oficinas del hijo del gobernador, obras no prioritarias para los amigos del poder?
¿Cómo se explica la obstinación de un gobernador por inaugurar un acueducto que en la práctica efectiva no existe y encima firmar un contrato para una segunda parte del mismo acueducto por cifras millonarias?
¿Qué significa que la CGT, que hoy en día congrega bastante poco, pida que todos los contratados, sin discriminación alguna, pasen a planta permanente y encima se otorgue un aumento general a los empleados estatales?
En general, a menos que se desmienta con hechos, pareciera ser la orquestación de un plan que, inclusive, va más allá de gastar alegremente el dinero que es de todos los catamarqueños. Y no se trata precisamente de un plan para facilitar las cosas al nuevo gobierno. Por el contrario: cada día que pasa se hace más evidente la intención de complicar.
Bien lo dijo Lucía Corpacci en tiempos de campaña. Lo que no hicieron durante veinte años, que es mucho más de lo que hicieron y que puede ser rescatable, no lo podrían hacer en los próximos cuatro. Por ello, para lograr una transformación, les pedía a los ciudadanos la oportunidad de gobernar.
Siguiendo el tono de las cosas posibles o no posibles, nosotros decimos que “lo que no se hizo en dos períodos de gobierno (2003-2011) no se podrá hacer en 15 días”. Y pretender hacerlo, solamente eso, sintetiza una gran irresponsabilidad.
(Columna de opinión “El Aguijón” del diario digital “Catamarcaesnoticia)