Tras una década de permanecer cerrado por cuestiones
fitosanitarias, Chile acaba de reabrir su mercado a las naranjas argentinas.
La noticia es muy buena: la producción y exportación de esta
fruta vienen en caída, Chile paga bien y está pegado al noroeste argentino
(NOA) -la segunda región productora después del nordeste argentino (NEA)-,
donde las economías regionales se vienen quedando fuera de competencia por el
costo de los fletes.
No obstante, las heladas y la sequía del año pasado
impactaron muy duro en la cosecha de cítricos (limón, naranja, mandarina y
pomelo), al punto que
Ningún otro país, de los primeros 20 del ranking mundial,
tuvo una caída interanual tan pronunciada, y varios, incluyendo Brasil y
Uruguay, aumentaron su producción, lo que lleva a pensar que los factores
económicos agravaron el impacto de los daños climáticos.
Más allá de lo climático, la exportación argentina de
naranjas viene en caída desde 2007, cuando alcanzó casi 200.000 toneladas. El
año pasado se despachó menos de la mitad, 88.600 toneladas, y en los primeros
diez meses de este año, alrededor de 66.300 toneladas.
Algunas de las razones de la debacle son exógenas. La crisis
económica impactó en la demanda europea, el principalísimo destino de las
naranjas argentinas.
Pero además, y sobre todo, está la cada vez mayor y mejor
oferta de Sudáfrica, que tiene la misma latitud que Entre Ríos y Corrientes y
compite en las ventas en contra-estación al Hemisferio Norte en el mismo
momento. El país africano llevó adelante en los últimos años una política firme
de exportación de esta fruta, a la que incluso se sumaron inversores
argentinos, como la enorme citrícola San Miguel.
El año pasado, con 860.000 toneladas de naranjas cosechadas,
Pero también hay culpas propias. Además de los grandes
costos de fletes, las empresas afrontan desde hace más de un lustro alzas en
insumos, mano de obra y servicios, y un fuerte atraso cambiario que complica a
los exportadores, además de la demora en los reintegros impositivos y el IVA.
El mercado chileno se vuelve así más auspicioso. De acuerdo
con el Ministerio de Agricultura del país trasandino, el año pasado importó
2268 toneladas de naranjas, por un valor de 2,88 millones de dólares, en una
tendencia que viene en alza.
UN BIEN REGIONAL
En
En producción, en cambio, las proporciones son distintas, en
parte porque el clima subtropical del NOA permite a veces hasta duplicar los
rendimientos del Litoral. Así, las tres provincias del Noroeste abarcaron más
del 25% de la producción el año pasado, mientras que las del NEA concentraron
el 68 por ciento.
Si bien todavía hay una fuerte dependencia del mercado europeo,
que acapara más del 67% de las exportaciones de naranjas, la crisis ha forzado
a las empresas a buscar nuevos destinos, y en lo que va del año ya más de un 5%
de los despachos se encaminaron a plazas no tradicionales, como, Lituania,
Islandia o Qatar, entre otros.
Más allá de las cuestiones económicas, hay cambios que
tienen que ver con nuevos hábitos de consumo. Mariano Winograd, presidente de
En esta línea, mientras las exportaciones de naranjas han
ido cayendo, y las de mandarina se han incrementado, pese a que
El año pasado, según el Servicio Nacional de Sanidad y
Calidad Agroalimentaria (Senasa), el país despachó 88.000 toneladas de
mandarina (principalmente a Rusia), y 80.000 de naranjas (sobre todo a España,
Paraguay y Holanda). En lo que va de 2014, la brecha se agrandó: se exportaron
casi 90.000 toneladas de mandarinas, 36% más que las naranjas.
Así, las mandarinas -que se producen básicamente en el NEA-
ocupan el 4° lugar en el volumen de exportación de frutas, detrás de las peras,
los limones y las manzanas. Las naranjas cayeron al quinto.
CONSUMO INTERNO, PARA ATRÁS
La naranja, cuyo nombre nos llega del sánscrito n?ranga
(desde el cual pasó casi sin alteraciones por el persa, el árabe y el árabe
hispánico), sigue siendo el cítrico más producido en el planeta: unos 50
millones de toneladas en 2013. Fresca o como jugo, su consumo se mantiene por
su sabor, pero también por su valor nutricional.
En el país, su consumo como fruta fresca viene cayendo, pero
el mercado interno se fortalece como principal destino ante los crecientes
problemas de competitividad externa, y se queda con dos tercios de la
producción. Considerado por habitante, el consumo interno de naranjas es de
13,69 kilos anuales, contra 4,3 kilos de mandarina y 0,9 de pomelo.
Según Federcitrus, la exportación en fresco de los cuatro
cítricos más relevantes generó en 2013 divisas por 338 millones de dólares.