Las aguas empezaron a bajar, pero el daño económico tardará
mucho tiempo en ser reparado. Por estas horas, los expertos en economía
agrícola están tratando de estimar la magnitud de las pérdidas, según
iprofesional.
Aunque todavía no hay certeza sobre la cantidad de hectáreas
bajo el agua y sobre qué tan grave es el perjuicio sobre las cosechas y
animales, los analistas no dudan en calificar a esta inundación como la peor en
50 años.
Por lo pronto, esto implica que ya se espera que el daño sea
mayor que el vivido en otras situaciones de catástrofe, como las ocurridas en
1998 y 2003, también en la región de la pampa húmeda.
En esta oportunidad, resulta inevitable poner la lupa sobre
la cosecha de soja, dado su protagonismo en los ingresos de divisas por
exportaciones y su importancia para "bancar" el gasto público.
Sobre este punto, el pesimismo es la tónica: en los primeros
cálculos extraoficiales, se considera que podría revisarse a la baja la
producción del año en tres millones de toneladas.
La previsión en el ámbito rural, antes de la inundación, era
de una producción de 57,5 millones. Ello implicaba una mejora de 3,4% respecto
de la cosecha previa -que había sido récord- y era una de las principales
esperanzas para una economía afectada por la escasez de dólares.
Pero ahora se está convalidando un abrupto cambio de
contexto, dada la corrección a la baja en la producción, que se suma a la
persistencia de precios deprimidos en el mercado internacional.
Por lo pronto, los ingresos por exportaciones de soja
podrían caer en u$s1.150 millones -si se considera la cantidad perdida, a una
cotización aproximada de u$s380 por tonelada-.
Las actividades que más sufren
Las precipitaciones en el centro del país lejos están de ser
una novedad. Sin embargo, esta vez tuvieron la particularidad de que cubrieron
inmensas extensiones de territorio.
Las áreas más importantes que quedaron bajo el agua son el
centro-norte de Córdoba y Santa Fe, la segunda y la tercera más grandes
provincias agrícolas del país, respectivamente.
También fueron golpeadas regiones de Entre Ríos, Santiago
del Estero, Tucumán del norte de San Luis y de otras provincias del noroeste
argentino (NOA).
Y aunque todavía es difícil determinar la magnitud del
desastre con el que se encontrarán los productores una vez que baje el agua, ya
se anticipa que los daños serán muy significativos en términos económicos.
"Debido a la intensidad de los excesos hídricos,
durante las próximas semanas se podrían registrar pérdidas muy importantes
sobre el volumen potencial que se esperaba recolectar en la franja central del
país", señaló la Bolsa de Comercio de Rosario.
Cabe mencionar que, según indican los especialistas, en
Córdoba y Santa Fe llovió en un mes lo que habitualmente en seis.
Para peor, el agua acumulada durante las últimas semanas se
suma a los elevados volúmenes de precipitaciones que tuvieron lugar desde
comienzos del mes de febrero, generando anegamientos en lotes y caminos sobre
extensas áreas.
"Hay tambos que están cerrando, grandes extensiones de
tierras que se han malogrado, granos de una gran variedad de cultivos que se
fueron perdiendo y la ganadería se está trasladando", sostiene en diálogo
con iProfesional, Ernesto Ambrosetti, economista jefe de la Sociedad Rural
Argentina.
Por su parte, Juan Manuel Garzón, economista jefe de IERAL,
Fundación Mediterránea, explica que "las inundaciones ocasionan efectos
muy adversos en todas las actividades agrícola-ganaderas, especialmente en la
lechería y la cría en zonas bajas, que son muy proclives al anegamiento
generalizado".
Para empezar, el daño potencial para los cultivos es la
falta de oxígeno en las raíces que puede derivar en la muerte de una extensa
variedad de plantas.
En la producción de carne bovina, además de los
contratiempos propios de la actividad (estrés de los animales, dificultades con
el cronograma de alimentación, etc.), se suman problemas de logística por
movimiento de la hacienda lista para vender, según indica Garzón.
Vale aclarar que son muchas las rutas cubiertas por el agua
y los puentes que quedaron inutilizados y que dificultan enormemente la
logística del traslado.
Tal como explica Ambrosetti, la alternativa que queda es el
"arreo", es decir sacar la hacienda a caballo, pero "con los
caminos inundados es difícil que los animales avancen. Además, no se ven los
alambres y demás obstáculos que hace que se lastimen".
El alimento para las crías, así como la pastura, es otro de
los insumos que se malogran al estar completamente cubiertos por el agua.
Todo esto hace que la pérdida de numerosas cabezas de ganado
sea inevitable.
A las actividades afectadas se suma la tambera. "Cuando
se inunda un tambo, se bloquean los accesos y no se puede sacar la leche. Esto
obliga a tener que mover a la vaca de allí porque si no se puede ordeñar, la
ubre se inflama y se produce una mastitis, luego fiebre y a partir de ahí tiene
lugar todo un ciclo que termina en la muerte del animal", sostiene
Ambrosetti.
A todo esto, resta añadir las complicaciones para
transportar la producción a la industria por varios días que podría forzar al
tambero a tener que tirar litros de leche producida, en caso de no contar con
suficiente capacidad de almacenamiento.
La infraestructura también sufre con las precipitaciones
abundantes. Molinos y perforaciones se derrumban y los caminos internos quedan
dañados, al igual que el alambrado.
Como si la situación para el campo de por sí no fuera lo
suficientemente crítica, se suman cuestiones aun más graves.
Ambrosetti afirma que "cuando el agua posee corriente
-es decir cuando tiene afluencia rápida como si fuera un río- al margen de que
los cultivos y las pasturas se mueran, también se pierde parte del horizonte de
tierra productiva que se va por arrastre".
"Esas pérdidas son siderales. Cuesta muchos años
recuperar esos terrenos. Para peor, si la correntada es realmente fuerte, ese
campo no se recupera más", sentencia el especialista.
La crítica situación en Córdoba y Santa Fe
El gobernador de Córdoba, José Manuel De la Sota, afirmó que
la provincia está "sufriendo" la mayor catástrofe climática de los
últimos 50 años".
Referentes zonales reportan superficies agrícolas anegadas,
red de caminos intransitables, rutas cortadas y desbordes de los canales de
desagüe.
Esta situación hace que se vea imposibilitado el acceso a
los campos y se registren mermas en los rendimientos de los cultivos en pie,
con consecuencias directas sobre la calidad de producción.
La permanencia de agua en superficies con cultivos a fases
cercanas a la cosecha desencadena en pérdidas que son proporcionales al tiempo
en que el agua permanece allí.
En Córdoba, la superficie sembrada con soja estimada alcanza
las 4,9 millones de hectáreas, mientras que en maíz asciende a 1,45 millones.
De ellas, la proporción de cultivos tempranos/tardíos es de 40/60% para la
campaña en curso.
Las precipitaciones intensas se sumaron a las crecidas de
los ríos, que provocaron destrozos en los centros urbanos y caídas de puentes,
generando problemas de comunicación y de abastecimiento para toda la región
norte de esa provincia.
En cuanto a la cuantificación de las pérdidas de área
agrícola, con daños ya considerados irreversibles, una primera aproximación
para Córdoba hace referencia a entre 400.000 y 500.000 hectáreas.
Esto implica una fuerte merma en la calidad y cantidad
cosechada de cultivos estivales, así como la pérdida de trigo que pudiera
haberse encontrado almacenado en silobolsas.
Y este grave panorama no solamente afecta a los cordobeses.
En Santa Fe las lluvias se acentuaron en los departamentos del centro, aunque
no es menor lo sucedido en el resto de las zonas, ya que en varias de ellas
hubo registros de importancia, superiores a los 100 milímetros.
En su seguimiento de los cultivos de soja de primera y
segunda, el Sistema de Estimaciones Agrícolas (SEA) para el centro-norte de la
provincia advierte que "habrá consecuencias".
A excepción de San Martín y San Jerónimo, "en el resto
de los departamentos -señala-, la inestabilidad climática abre muchos
interrogantes e incertidumbre, porque las condiciones en este fin de ciclo han
propiciado grandes inconvenientes para ejecutar acciones en los lotes".
Añade que "ante las circunstancias climáticas, se
observó en numerosos terrenos soja volcada dada la altura de las plantas y
producto de las lluvias caídas durante este período. Se estima un rendimiento
promedio de 35 quintales por hectárea".
En cuanto a la soja de segunda, el informe del SEA
-difundido por la Bolsa de Comercio de Santa Fe y el Ministerio de la
Producción- sostiene que es "muy heterogénea y compleja la realidad de los
cultivos implantados, que padecen la incidencia de la inestabilidad climática
desde el comienzo de la campaña".
Por lo pronto, el drama social aflora con inusitada fuerza y
los perjuicios económicos afectan a cientos de productores, ya que buena parte
de las inundaciones se dieron principalmente en terrenos con márgenes de rentabilidad
muy baja, trabajados generalmente por ruralistas pequeños que no poseen la
suficiente "espalda" financiera.