Según el informe que comprende hasta el mes de abril, la
producción y exportación de aceite de oliva y aceitunas en nuestro país es una
fuente generadora de puestos de trabajo (en su conjunto emplea a más de 100.000
empleos en forma directa e indirecta entre las etapas agrícola e industrial) y
de ingresos de divisas debido al perfil exportador volcando al mercado internacional
un setenta por ciento 70% de las 30.000) toneladas de aceite de oliva
producido.
El planteo es que la industria aceitera olivícola enfrenta
una situación crítica. Los principales destinos son USA para la producción a
granel y Brasil para la producción envasada, de mayor valor agregado.
En el primero, indica que se mantuvo la cuota de
participación en el orden del 3 por ciento del total consumido, mientras que
con Brasil la situación es preocupante ya que poseíamos el 16 por ciento del
mercado y hoy solo capturamos el 6,5% a pesar que nuestro vecino ha triplicado
el consumo de aceite de oliva y la Argentina perdió la oportunidad de acompañar
dicho ritmo de crecimiento en sus exportaciones.
El olivo es una plantación permanente que tarda entre cinco y
diez años en llegar a su etapa de madurez productiva, pero este tipo de crisis
lleva al abandono paulatino pero constante de las plantaciones y las industrias
ligadas al mismo en mucho menos tiempo.
Estas asimetrías de proceso de inversión/desinversión deben
ser tenidas en cuenta por los Estados a nivel provincial y nacional para evitar
que desaparezcan actividades agroindustriales y de valor agregado.