No sólo en los artículos navideños, sino en todos sus
productos, y no en mínimos y casi razonables porcentajes, considerando el
imparable proceso inflacionario que vive el país, sino en escandalosos
incrementos que literalmente escandalizan a los clientes que chillan y
vociferan en la vereda de los supermercados.
Se quejan por la negligencia de los funcionarios de la
Dirección de Defensa del Consumidor, cuya prolongada ausencia y notable
desinterés por la gente común, posibilita la inescrupulosidad de estos
empresarios, no ya del comercio, sino de la usura, la especulación y el agio,
maniobras que perjudican a los más inocentes, a los que van a comprar lo mínimo
indispensable para comer un día.
Efectivamente, la gente de Defensa del Consumidor hace mucho
que viene a la ciudad de Andalgalá, al menos a trabajar, a inspeccionar, a
controlar que no se siga perjudicando a las personas.
Sería bueno que de una buena vez los funcionarios entiendan
que Andalgalá es parte importante de la provincia de Catamarca, en la que
habitan casi 25 mil personas.