El viernes, la autoridad monetaria publicó una norma que
facilita la apertura y cierre de cuentas bancarias y de tarjetas de crédito.
La comunicación A 6042 del BCRA abrió el juego de la
"portabilidad bancaria". A partir de ahora, el usuario -y no solo su
empleador- puede abrir una cuenta sueldo. Desde el 1 de noviembre también
podrán transferirse plazos fijos de un banco a otro a la fecha de vencimiento, mediante
un sistema de compensación entre entidades bancarias.
Y, según la norma, podrán darse de baja cuentas bancarias y
tarjetas de crédito por home banking, correo electrónico o teléfono. Ya no será
necesario ir de manera personal a la sucursal del banco.
En el Banco Central entienden que las relaciones entre un
usuario y su banco deben ser cada vez más fáciles y transparentes. Por un lado,
liberaron los precios de las comisiones bancarias. Cada banco puede cobrar lo
que se le ocurre, pero debe informar a los clientes lo que cobra la competencia
por un servicio similar.
Eso hace que existan diferencias de más de 200% entre un
producto y otro, que suelen explicarse con los diferenciales que otorga una
entidad financiera: preventa de entradas para espectáculos, descuentos
exclusivos o sistema de puntajes o millas.
La "portabilidad bancaria" sería la contracara de
esta disposición. Si todo es transparente y los bancos pueden cobrar sus
comisiones sin tope, el cliente, entienden en la autoridad monetaria, debe
tener facilidades para cambiar de entidad. Eso facilitaría la competencia y
bajaría los precios de los servicios.
Los planes de pago con o sin interés y el pago mínimo de la
tarjeta crean una deuda con el emisor del plástico que puede dificultar el
cierre de la relación con el banco. Lo más sencillo, en este caso, sería saldar
la deuda de una vez y liberarse del contrato. Aunque los bancos deberían dar
alternativas de financiamiento.
La ley 25.065 autoriza al emisor del plástico a renovar
automáticamente el contrato si el usuario no comunica la baja treinta días
antes de la fecha de vencimiento de la tarjeta. La norma nada dice sobre la
deuda. En el mejor de los casos, los bancos deben proponer al usuario un plan
de pagos para financiar ese saldo, sin cobrar costos ni comisiones desde el
momento en que se comunica el deseo de dar de baja el servicio.
En el Banco Central imaginan que esta relación de amor-odio
con la tarjeta y las cuotas podría resolverse entre bancos. Si el cliente
cambia de la entidad A a la B, la B podría hacerse cargo de la deuda con el
banco A y seguir cobrándosela en cuotas a su nuevo usuario.
De todos modos, en la entidad que preside Federico
Sturzenegger esperan que las cuotas sin interés queden en el olvido en el
mediano plazo. Las asocian con la inflación: si los precios bajan, dejaría de
ser negocio financiar los consumos. Eso aliviaría la deuda con la tarjeta y haría
más sencillo cambiar de entidad.