Lejos quedaron las épocas en las que Mauricio Macri aseguraba que la tarea más sencilla que iba a tener que enfrentar en tanto presidente de la Nación era bajar la inflación. Lejos, muy lejos, quedó también la meta de inflación del 15% para este año y el techo en ese nivel que desde la Casa Rosada se quiso imponer a las discusiones paritarias.
En septiembre, el Ministerio de Hacienda difundió un documento con el detalle del plan elaborado para bajar el déficit a cero, y el gobierno de Macri anticipó que la inflación este año será la más alta desde 1991. Aunque el mandatario había admitido semanas atrás que estaría cerca del 30%, el documento interno de la cartera que conduce Nicolás Dujovne la ubicó en el 42%.
Y se quedó corto. Un mes después, el Banco Central sacó un informe con proyecciones de las consultoras privadas que hablan de una inflación para fin de año del 44,7%.
Tras la hiperinflación de 1989 ,que disparó los precios un 3.079,5% en apenas un año y otro 2.314% en 1990, la marca más alta de inflación de dos dígitos se había registrado en 1991 cuando llegó al 84%. Desde entonces la inflación había emprendido un sostenido camino a la baja hasta la salida de la convertibilidad en medio de la profunda crisis económica, política y social y una brutal devaluación del peso que disparó la inflación en 2002 hasta el 40,9%.
Ahora las previsiones inflacionarias del propio Gobierno ubican la inflación para este año incluso por encima de la marca registrada tras el traumático fin del 1 a 1.
En el informe de Hacienda se prevé que la recesión se profundice todavía más y la economía se contraiga en 2018 un 2,4% (seis puntos por debajo de la proyección realizada a principios de año) y crecimiento nulo para el próximo año.
Fuente: Minuto Uno