Tras la salida de la convertibilidad, señalan los investigadores, se consolidó una estructura social altamente heterogénea que aún persiste, con fuertes brechas tanto en ingresos como en acceso a oportunidades.
En la cúspide se ubican las clases medias altas y altas, plenamente integradas a circuitos formales y de alta productividad, con acceso a bienes públicos de calidad, capacidad de ahorro e inversión y posibilidades de proyectar a largo plazo.
Según el estudio:
- Para integrar el 3% más rico, un hogar debe percibir al menos $30 millones mensuales
- El 7% siguiente (clase media alta) comienza en $15 millones
- El 20% de sectores medios integrados parte desde $5 millones
Se trata de familias con redes de oportunidad, alto capital humano y fuerte inserción en la economía formal y globalizada.
El tercio intermedio está compuesto por una extensa clase media y media baja aspiracional. Son hogares con empleos formales o semi-formales cuya estabilidad depende fuertemente del ciclo económico.
Este segmento mantiene expectativas de movilidad social, aunque atraviesa frustración e incertidumbre debido a las recurrentes crisis macroeconómicas, la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro de servicios públicos.
Para pertenecer a este grupo:
- El 20% medio aspiracional necesita al menos $3.500.000 mensuales
- El segmento medio bajo vulnerable requiere alrededor de $2 millones
El tercio inferior: informalidad y subsistencia
En la base de la pirámide se concentra la población con inserción laboral precaria, inestable o informal, con menor nivel educativo y alta dependencia de programas de asistencia.
El informe advierte que la debilidad de los ingresos laborales dificulta salir de la pobreza y perpetúa situaciones de exclusión económica y territorial.
En este sector:
- El 20% bajo no indigente necesita al menos $800.000 mensuales
- Esa misma cifra marca el límite superior del 10% en pobreza extrema
El ODSA sostiene que las medidas de liberalización aplicadas entre 2023 y 2024 profundizaron inicialmente la crisis social. Sin embargo, hacia el segundo semestre de 2024 la estabilización macroeconómica y la desaceleración inflacionaria ayudaron a moderar los niveles de pobreza e indigencia.
No obstante, la mejora observada entre 2023 y 2025 se vincula principalmente a la baja de la inflación y no a una recuperación sostenida del poder de compra.
El informe plantea que el actual esquema económico podría dinamizar sectores competitivos y atraer inversiones, pero advierte sobre la falta de mecanismos inclusivos de transición.
Sin políticas activas que generen empleo formal, fortalezcan el capital humano y desarrollen el entramado productivo —especialmente pymes—, la estabilización podría derivar en una sociedad más desigual, con menor movilidad ascendente y mayor fragmentación social.
En síntesis, la radiografía muestra un país donde la distancia entre los extremos de la pirámide económica sigue siendo enorme y donde el acceso a oportunidades continúa fuertemente condicionado por el nivel de ingresos.