El incremento se ubicó por encima del promedio general de la inflación mensual y volvió a posicionar al rubro como uno de los principales motores del aumento en el costo de los alimentos.
Entre los cortes que más aumentaron se destacaron el cuadril y la nalga, con subas cercanas al 8%, junto con la paleta, que trepó un 8,1%, y la carne picada, con un alza del 7,1%. En tanto, el asado mostró un incremento algo menor, aunque igualmente relevante, del 5,7%.
En cuanto a los valores en góndola y mostrador, el kilo de asado ronda los $16.850, mientras que cortes como el cuadril y la nalga ya superan los $19.000 y $20.000, respectivamente, consolidando una tendencia alcista que impacta de lleno en el consumo cotidiano.
El pollo entero también evidenció una fuerte suba mensual del 10,2%. No obstante, en la comparación interanual presenta un aumento más moderado, lo que lo posiciona como una alternativa relativamente más accesible frente a la carne vacuna.
Desde el sector explican que este encarecimiento responde, en gran medida, a la menor oferta de ganado disponible, afectada por condiciones climáticas adversas registradas en años anteriores. Este contexto repercute en el precio del ganado en pie y termina trasladándose directamente al consumidor final.
En términos interanuales, el rubro carnes y derivados continúa encabezando los incrementos dentro del índice alimentario, con una suba del 54,1%. Algunos cortes incluso superan ese nivel: el asado acumula un alza del 67,6%, seguido por el cuadril (65,9%), la paleta (65,7%), la nalga (62,1%) y la carne picada (56,6%).
En promedio, los cortes vacunos aumentaron 63,6% en el último año, muy por encima de la inflación general, que se ubicó en 33,2%. De esta manera, la carne vuelve a consolidarse como uno de los principales factores de presión sobre el costo de vida, pese a que otros productos como frutas y verduras mostraron cierta desaceleración en sus precios en los últimos meses.