ANTE UNA DEMANDA EN BAJA

Vuelven las cuotas sin interés: la indumentaria se suma a la estrategia para reactivar el consumo

En medio de un escenario de fuerte caída del consumo, el financiamiento en cuotas sin interés vuelve a ganar protagonismo en el mercado argentino.
sábado, 4 de abril de 2026 08:36
sábado, 4 de abril de 2026 08:36

A los tradicionales planes en electrodomésticos y bienes durables, ahora se suma el sector de la indumentaria, que comenzó a ofrecer 12 cuotas sin interés como una forma de incentivar las ventas.

La medida surge en un contexto económico complejo, marcado por una retracción sostenida de la demanda y una incipiente baja de tasas de interés. En este marco, el Banco Central dispuso una reducción de cinco puntos porcentuales en los encajes bancarios a partir de abril, con el objetivo de aumentar la liquidez en el sistema financiero y fomentar el crédito tanto para empresas como para consumidores.

Este tipo de decisiones suele impactar en el corto plazo con una disminución en el costo del financiamiento, lo que facilita el acceso al crédito y puede estimular tanto el consumo como la inversión. En línea con esta política, el Banco Nación lanzó una promoción que permite financiar compras en hasta 20 cuotas sin interés con tarjetas de crédito, vigente hasta el 31 de mayo, en rubros como tecnología, hogar, materiales de construcción, decoración, colchonería y movilidad.

La reacción del sector textil

Las marcas de ropa, que ya venían apelando a descuentos y promociones, comenzaron a reintroducir planes de pago en cuotas con el inicio de la temporada otoño-invierno. Sin embargo, detrás de esta estrategia se esconde una realidad preocupante.

Claudio Drescher, presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), aseguró que la decisión responde directamente a la caída de las ventas. Según datos de la entidad, el sector registró una retracción interanual del 8,4% en el primer bimestre del año, mientras que en comparación con 2023 el desplome alcanza el 40%.

“No se vende nada, ni lo caro ni lo barato, ni lo importado ni lo nacional”, afirmó Drescher, quien describió a las 12 cuotas como “un signo de desesperación” dentro del sector. Además, advirtió que el costo financiero de estas operaciones, cercano al 20%, impacta directamente en la rentabilidad de las empresas, que no logran trasladarlo a precios.

El panorama se agrava con el cierre de empresas: entre 2024 y 2025 bajaron sus persianas 2.924 firmas de la cadena textil e indumentaria, incluyendo cientos de talleres y locales comerciales.

A pesar de la reaparición del financiamiento, uno de los principales riesgos que enfrenta el sistema es el aumento de la morosidad. Drescher señaló que las tarjetas de crédito registran niveles de incobrabilidad que no se veían en más de dos décadas.

Esta problemática también impacta en el sector de electrodomésticos, donde las cuotas sin interés han sido una herramienta habitual para sostener las ventas. Sin embargo, especialistas advierten que este esquema podría no ser sostenible en el tiempo debido al incremento en los atrasos de pago.

Datos de la consultora EcoGo indican que, hacia fines del año pasado, el nivel de mora en créditos otorgados por comercios del rubro alcanzó un promedio del 41%. A su vez, las ventas de electrodomésticos y artículos para el hogar cayeron un 18,6% interanual real en el cuarto trimestre de 2025, según la consultora Vectorial, principalmente por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios.

Desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) señalaron que, si bien algunas pymes comenzaron a implementar planes en cuotas, aún no se trata de una política generalizada. A diferencia de programas anteriores como “Cuota Simple”, las actuales promociones son iniciativas individuales de cada comercio o banco.

Además, remarcaron que el costo financiero total sigue siendo elevado —en torno al 30%— en un contexto de ventas deprimidas y alta carga impositiva, lo que reduce los márgenes de ganancia.

En este escenario, el regreso de las cuotas sin interés aparece como un intento de reactivar el consumo, aunque con efectos limitados frente a una crisis más profunda. La falta de poder adquisitivo sigue siendo el principal obstáculo, y el crédito, por sí solo, no logra revertir la tendencia.

 

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