El mercado laboral argentino cerró el primer trimestre de 2026 con señales de deterioro en casi todo el país. La caída del empleo privado registrado alcanzó a 20 de las 24 jurisdicciones, los salarios volvieron a perder frente a la inflación y el consumo masivo continúa mostrando retrocesos en la mayoría de los rubros. Los datos surgen de informes oficiales y privados difundidos durante junio que reflejan un escenario en el que la desaceleración de los precios todavía no logra traducirse en una mejora concreta para los trabajadores y los hogares.
El panorama quedó reflejado en el último informe de Situación y Evolución del Trabajo Registrado elaborado por la Secretaría de Trabajo sobre la base de los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Según el relevamiento, en marzo de 2026 el empleo asalariado formal del sector privado alcanzó a 6,188 millones de personas, una cifra que representa una caída del 1,5% respecto del mismo mes del año anterior.
En términos absolutos, la economía perdió 96.700 puestos de trabajo registrados en apenas doce meses. La comparación mensual tampoco mostró señales alentadoras. Respecto de febrero, el empleo volvió a retroceder un 0,1%, confirmando una tendencia que ya lleva más de dos años.
Una caída que se extiende a casi todo el país
La dimensión territorial del deterioro laboral aparece como uno de los datos más significativos del informe. De las 24 jurisdicciones analizadas, veinte registraron menos empleo privado formal que un año atrás. Solamente Neuquén (+3,3%), Río Negro (+3,2%), La Rioja (+3%), y San Juan (+2,2%) lograron exhibir crecimiento interanual.
En el otro extremo, las mayores pérdidas se observaron en Tierra del Fuego (-9%), Chubut (-6,8%), Corrientes (-5,3%), Formosa (-5,3%), Chaco (-5,2%) y Santa Cruz (-5,1%). La provincia de Buenos Aires, donde se concentra la mayor cantidad de trabajadores registrados del país, también mostró números negativos. Con casi dos millones de asalariados privados formales, registró una caída del 1,7%.
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires tampoco escapó a la tendencia y acumuló una retracción interanual del 1,3%. Incluso al analizar únicamente marzo frente a febrero, descontando los factores estacionales, el panorama continuó siendo mayoritariamente negativo. Dieciséis jurisdicciones perdieron empleo, tres permanecieron sin cambios y apenas cinco lograron crecer.
La industria, el comercio y el mercado interno siguen sin reaccionar
La evolución sectorial ayuda a explicar por qué la recuperación económica que muestran algunos indicadores macroeconómicos no logra trasladarse al empleo. Las actividades más vinculadas al mercado interno continúan siendo las más afectadas.
Durante marzo, la industria manufacturera volvió a registrar una caída del 0,4% mensual, mientras que el comercio retrocedió 0,2% y el transporte, almacenamiento y comunicaciones perdió 0,3%. En la comparación interanual, los números son aún más contundentes.
La explotación de minas y canteras registró una baja del 5,7%; la industria manufacturera cayó 4%; la intermediación financiera retrocedió 3,7%; y el comercio perdió 1,9%. La construcción mostró una mejora del 1% y la pesca un crecimiento del 5,8%, aunque ambos sectores no alcanzaron para revertir el saldo negativo general.
Un informe de la Fundación Mediterránea-Ieral sostuvo que los sectores más dinámicos en materia exportadora y de inversiones apenas representan el 3% del empleo total y el 7% del empleo asalariado privado registrado.
Esto implica que el crecimiento de actividades como la minería, los hidrocarburos o determinados complejos exportadores no tiene la capacidad suficiente para compensar la debilidad de sectores intensivos en empleo como la industria, el comercio o la construcción.
Los salarios vuelven a perder contra la inflación
A la caída del empleo se suma otro dato que golpea directamente sobre el poder adquisitivo. Las remuneraciones del sector privado registrado volvieron a quedar por debajo de la evolución de los precios. De acuerdo con el informe oficial, el salario promedio bruto alcanzó en marzo los $2.207.129, con un aumento interanual del 31,6%.
La remuneración mediana, que refleja de manera más precisa cuánto gana la mitad de los trabajadores, se ubicó en $1.540.251 y registró una suba del 28,1%. Ambas variaciones quedaron por debajo de la inflación interanual informada por el Indec para marzo, que alcanzó el 32,6%.
Según el Indec, el Índice de Precios al Consumidor registró en mayo una variación mensual del 2,1%, por debajo de los registros observados durante gran parte de 2025. Sin embargo, el acumulado de los primeros cinco meses del año ya alcanzó el 14,7%, superando la pauta contemplada originalmente por el Gobierno nacional. La inflación interanual se ubicó en 33,2%.
El dato que más preocupa: uno de cada siete hogares redujo alimentos
Las dificultades económicas también aparecen reflejadas en los estudios de percepción social. El Índice del Argentino de a Pie elaborado por Focus Market ubicó la situación económica de los hogares en una zona de «Tensión Contenida», con 61,8 puntos.
Uno de los resultados más preocupantes del relevamiento surge al analizar los cambios en los hábitos de consumo. Según el estudio, el 14% de los hogares reconoció haber reducido la cantidad o la calidad de los alimentos consumidos durante los últimos meses.
El dato implica que aproximadamente uno de cada siete hogares ya no está ajustando sobre gastos prescindibles sino sobre necesidades básicas. El informe también detectó una fuerte polarización económica.
La inflación baja, pero la recuperación todavía no llega a los hogares
El cuadro que dejan los principales indicadores económicos de junio muestra una realidad compleja. La inflación continúa desacelerándose y algunos sectores vinculados a las exportaciones mantienen niveles de crecimiento.
Sin embargo, esa mejora todavía no logra trasladarse al mercado laboral ni al bolsillo de la mayoría de los trabajadores. El empleo formal sigue cayendo en gran parte del país, los salarios continúan corriendo detrás de los precios y el consumo masivo permanece debilitado.
La consecuencia es un escenario en el que los indicadores macroeconómicos muestran cierta estabilización, pero donde amplios sectores de trabajadores siguen enfrentando dificultades para sostener su poder adquisitivo y sus niveles de consumo.