El rol de la universidad en debate

La escasa vinculación entre la sociedad catamarqueña y la UNCA da pie a que de ésta se diga que vive en una nube de Úbeda; que salvo dar cobertura laboral a los funcionarios eyectados del gabinete radical, ciertamente no tiene otro rol en Catamarca. En el de formar futuras generaciones falla, los índices de fracasos así lo demuestran.
jueves, 12 de agosto de 2010 00:00
jueves, 12 de agosto de 2010 00:00

Por estos días, en la Universidad de Catamarca se desarrollan las jornadas denominadas “La Universidad y la Socialización del Conocimiento”, donde se debate, por ejemplo, ¿cuál es el rol que debe cumplir el sistema universitario público argentino en nuestra sociedad?

El tema central en debate es importante, porque puede ser que allí, los intelectuales bien pagos que allí se juntan, acuerden con lo que desde hace mucho tiempo se coincide en distintos sectores de cualquier sociedad, la necesidad de una provincialización real de las universidades.

No se refiere solamente a la cuestión laboral. Nuestra universidad, por caso, hace las veces de agencia de colocaciones y relaciones sociales del frente gobernante en Catamarca; los funcionarios gubernamentales, pocos exitosos generalmente, son elegidos de entre los militantes radicales de la UNCA, y cuando son eyectados del gabinete, por su incompetencia o porque protagonizan hechos de corrupción, vuelven al refugio del presupuesto universitario.

La provincialización real de la universidad se refiere a la necesidad de una relación mas estrecha entre la universidad y la comunidad. La escasa vinculación entre la elite de la UNCA y lo que pasa a fuera es alarmante. De allí no se conoce una sola propuesta que apunte a solucionar el principal problema de todas las familias catamarqueñas, el desempleo; ni hablar de cualquier otro problema de los catamarqueños comunes.

En el colmo de su desconexión de la realidad, las autoridades de la UNCa no se comprometen siquiera con lo que les pasa a sus estudiantes; por ejemplo, permiten irresponsablemente que el Estado provincial los explote con supuestas becas laborales, por la que los necesitados estudiantes devenidos en mano de obra barata, perciben apenas unos 400 pesos, 900 en el mejor de los casos. Esos estudiantes, la mayoría, terminan abandonando sus estudios, es decir engrosando los índices de fracasos.

Mas allá de la concurrencia a las jornadas, que generalmente es numerosa porque se entregan certificados con puntaje docente o se obliga a los estudiantes que se arranca de las aulas a sentarse y dar quórum, este tipo de encuentro solo serán exitosos si se mejora esa vinculación entre la universidad con la sufrida comunidad catamarqueña.

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