El sainete previo a cada inicio de clase dejó a la vista de todos una primera gran diferencia de la actual gestión educativa, a cargo de María Julia Acosta, con las anteriores. No tiene segunda línea; un mal que parece afectar a muchos en la actual gestión, desde Lucia Corpacci para abajo, a muchos.
En gestiones anteriores, horrorosas por cierto, Mario Perna y hasta el muy módico Eduardo Galera disponían de subsecretarias que daban la cara ante los problemas lógicos de la gestión. Silvia Arreguez o Cristina Sosa de Narváez eran las encargadas de poner lo suyo cuando la situación ameritaba, en tanto que los jefes, solo estaban para “hacer el gol”.
María Julia Acosta debió afrontar el primer sancochado en el cargo sola. Su subsecretaria de Gestión Educativa, Raquel Cimino, no estuvo, al menos no apareció, para el sofocón inicial. Suponemos que Cimino es una funcionaria de bajo perfil, no que esté pintada como se dice, y que hasta cierto punto su performance, aunque floja, contribuye a despersonalizar la política, esa percepción ultra romántica, donde las personas son emergentes, y en el mejor de los casos, un símbolo. Lo suyo, parece, es lo técnico, aunque esté en un cargo político. ¿Será?