Por diferentes motivos, la Universidad Nacional de Catamarca se está quedando sin alumnos. Basta mirar lo que sucede en la Facultad de Humanidades, donde el número de alumnos ingresantes para el presente periodo lectivo se redujo a más de la mitad en todas las carreras ofrecidas. No es difícil imaginar entonces lo que pasa en otras facultades, siendo que Humanidades es por lejos la de mayor convocatoria; o lo era.
Las autoridades de la cuestionada universidad local, seguramente no van expedirse sobre el tema, por una razón muy sencilla, implica el fracaso de una institución que está lejos de servir los interés de la sociedad en general; que es vista más como un reducto político que como una casa de altos estudios, “una agencia de colocaciones” según la definiera un ex gobernador de la provincia.
El bajo número de ingresantes este año es un dato contundente, estadística al fin y al cabo, que muestran que la Universidad de Catamarca atraviesa una crisis profunda; que ha dejado de ser preferida por la juventud provincial y que la responsabilidad debe recaer en sus autoridades, que prefieren seguir ocultando los desmanejos internos, so pena de perder sus privilegios.
El bajo porcentaje de egresos, muy por debajo de la media nacional, que ya de por si fue cuestionado por lo módico, como la caída en el número de ingresantes, pasando por las dificultades que denunciaban los propios alumnos para el cursado de las materias, son problemáticas que no encuentran eco en las autoridades sumidas en la política interna eternamente.
Por caso, la problemática del bajísimo porcentaje de egresos en cualquier carrera de la Facultad de Humanidades, en un seguimiento de los años que establece el programa respectivo, fue una tema minimizado por el ex decano Luis Segura.
Fue cuando un artículo periodístico que se apoyaba en una investigación de docentes de la propia Universidad daba cuenta de los magros resultados de la Institución. El artículo motivo un movimiento interno inusitado, pero no para avanzar en una solución, sino para intentar desprestigiar a los docentes que investigaron la problemática.
El operativo lo encabezó el propia Segura y su grupo político, porque lejos de mirar el problema de fondo entendían que se trataba de un ataque porque en esos días se llevaba adelante el proceso de elección de nuevas autoridades. Burlonamente Segura respondió a un medio escrito en esa oportunidad que a él le enseñaron que existían “las mentiras, las grandes mentiras y las estadísticas”. Esa pretendida picardía fue su respuesta al problema de los bajos egresos.
Por lo indefendible que resultaba la figura de Segura en el decanato de Humanidades, que buscaba una quinta (5) reelección, el rector Flavio Fama le bajo el pulgar, pero lo premio enviándolo de titular de la Escuela de Arqueología. Increíble.
Ahora se agravo otro problema, el de la baja considerable de los alumnos ingresantes; problemática en la que pesa lo poco atractiva que resulta la UNCA para nuestros jóvenes, en contraste con lo atractiva que resultan las ofertas de otras universidades, La Rioja por caso. Las autoridades universitarias seguramente ocultaran el tema o en el mejor de los casos lo negaran con los apotegmas del ex decano Segura, que existen “las mentiras, las grandes mentiras y las estadísticas”, pero el problema está.