sábado, 23 de marzo de 2013
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El kirchnerismo local repite los errores de la peor política, la que cree que las catástrofes más locas deben animar a redoblar la devoción de los creyentes.
En el saadismo actual, que con humor revisa sus errores de tantos años, se cuenta que cuando en los 90 les fracasaba el plan A, de inmediato se aplicaba un B, que no era otra cosa que la ratificación del plan A. Eso es lo que hace hoy el kirchnerismo, ante el fracaso de María Julia Acosta, insiste con José Ariza que es lo mismo.
Aunque la mayoría de la sociedad apostó a un cambio porque creyó que estaban dadas las condiciones para un cambio social, el “proyecto” educativo, si es que se puede llamar así a lo que implementó María Julia Acosta desde diciembre de 2011, demostró rápido que la Educación no sería su órgano maestro.
Una Educación nueva, que como decía don Luis Franco, que inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera a sí misma; Que aproveche al máximo la creatividad inagotable de nuestra gente, y que conciba una ética para quienes desaforada y legítimamente se afanan en superarse.
Para nada de eso sirvió el “proyecto” educativo de María Julia Acosta, como tampoco sirve Ariza, no sólo porque representa la intelectualidad improductiva de la UNCA, sino porque tampoco hizo mucho para destacarse de la muy opaca ex Ministra, aunque ahora, cuando suenan las doce y la carroza se convierte en calabaza haya quienes nos quieran hacer creer que es algo distinto, algo nuevo.
Esa falsa ilusión tal vez le permita dormir como angelito a quien decidió este cambio y hasta tener dulces sueños, pero debe saber que se está comprando pesadillas; que las Casandras de hoy no han sido beatos ayer, sino tan sólo instigadores de políticas impuestas con fórceps que sólo han logrado los peores resultados en materia de calidad educativa.