Se sabe la UNCA está hecha para el disfrute de una elite, de los que pertenecen a determinadas familias o círculo social; para ellos todo es más fácil, distinto de lo que les toca sufrir a los “nadies”, como los define Eduardo Galeano: “los que no son, aunque sean; que no son seres humanos, sino apenas recursos humanos; que no tienen caras, sino brazos, que no tienen nombres, sino número”.
Es el caso una mujer de 50 años, a la que ahora se le ordenó que regrese a dictar clases en la escuela primaria, luego de que durante 28 años prestó servicios como preceptora en la escuela secundaria Fray Mamerto Esquiú, pero que nunca fue confirmada en el cargo a pesar de los numerosos pedidos, casi suplicas, que realizó ante las autoridades de la UNCA.
De nada valieron sus pedidos de audiencia con el rector Flavio Fama, que se negó sistemáticamente a escuchar sus argumentos con una frialdad pasmosa que cosifica la humanidad de los empleados universitarios (mal antecedente para alguien que pretende saltar al terreno de la política y que como un laico con un rol importante en la sociedad debe demostrar otro tipo de compromiso social; sino, de qué vale golpearse tanto el pecho)
En su derrotero por hacerse escuchar la mujer recurrió al influyente secretario Académico, el eterno Raúl Caro, quien se encargó de asestar arteras puñaladas al ya herido orgullo de la trabajadora. “Usted tiene un informe negativo, es faltadora, no colabora”, le dijo sin recordar que fue él mismo quien le extendió y firmó varios años certificados de reconocimiento a la trayectoria y dedicación como preceptora durante sus 28 años en la Fray.
El sistema implacable de la UNCA, que se rige por la ley del acomodo familiar y político, más que por el mérito, desplazó aún más a la mujer hacia la desesperación cuando una directiva en la cadena de la confabulación la conminó a renunciar.
Es el fin, triste desde ya, de esta historia; el de una mujer sin apellido ni contactos políticos, una trabajadora más, en una institución en la que quienes los poseen, a los apellidos o los contactos, solo pueden ser desplazados por una resolución judicial o una carta documento de la ANSES, como le pasa al ex decano de Humanidades, jubilado desde hace más de 20 años en la provincia y actualmente titular de la Escuela de Arqueología, Luis Segura.