viernes, 7 de marzo de 2014
18:18
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Lo llamativo del caso fue que, al menos en el ingreso del turno tarde, no hubo presencia de agentes de tránsito, con lo cual rigió la ley de la selva: ganó el más fuerte.
Y así fue: doble filas por todos lados, autos estacionados en puertas de garage y en lugares prohibidos, motos
zigzagueando, y mal humor y fastidio en el ambiente, conformaron la postal de una siesta caotica.
Como no podian faltar, los bocinazos se hicieron escuchar desde varias cuadras de distancia. Y lo mismo sucedió con alguno que otro insulto de parte de iracibles conductores que se vieron superados por semejante desorden.