Situado en un amplio terreno del Barrio Huachaschi, la
edificación se deteriora cada día, esperando la decisión política y educacional
que brinde respuestas a muchas personas involucradas en el tema.
Los ladrillos se erigen como mudos testimonios de la desidia
y el desinterés porque nadie se ha preocupado por estos niños con capacidades
diferentes, que han sido rescatados de su ostracismo y marginación social, e
integrados a la sociedad como miembros útiles, gracias a la abnegada tarea de esos docentes que dejan la vida cada día
en su propósito de insertar a estas personas a las que están formando.
Sería bueno que los funcionarios provinciales tomaran cartas
en el asunto y que de una vez por todas se tomen las decisiones necesarias para
que toda esta gente tenga su propio lugar, y de paso evitar que la gobernadora
Lucía Corpacci pague los costos por tanta negligencia y falta de interés.