Los ritos son necesarios, ya que, de lo contrario, todos los
días serían iguales. Este rito de celebrar el Día del Maestro es como una foto
que detiene el tiempo por un instante para revalorizar y festejar la vocación
de quienes han abrazado la noble tarea de enseñar. ¡Feliz día, entonces, maestras y maestros!
Y los invito amablemente a compartir el monólogo preparado
para el acto que celebra esta día, redactado y leído por la docente Norma Di
Marcos, en
Su relato es el que sigue:
Hoy escuché decir que todas las maestras están "chapitas”…
¿Será tal vez por esto…. Si!!!!! Esta es la cruda y absoluta realidad! Estamos
chapitas! Llegamos a la escuela veinte minutos antes, para que no te miren y
miren el reloj … Con tu mejor sonrisa saludas y exclamas: ¡Hoy será un buen
día!!!! Para todas por igual!!! Llegas a la escuela. ¡El padre de Chávez te
está buscando: le pegaron a su hijo ayer a la salida de la escuela, acá, a dos
cuadras! Ahora está hablando con la directora! Zafaste de escucharlo. Seguís a la sala de maestras. Está la vice
directora pidiendo la entrega para YAAAAAAAA de una planilla de todos los
chicos del grado, discriminando número de documento, alumnos con problemas,
situación socioeconómica de los padres, casos problemáticos, niños con
enfermedades…. Firmas el libro de asistencia antes que te pongan que no
viniste. Una compañera te pasa, al mismo tiempo, la revistita de Avon y te dice
que le debes lo del mes pasado. Te pasan otra hoja para que completen los que
van a colaborar con el acto o asistirán a la fiesta del Día del Maestro. Una
madre aparece: ¡mi hijo no va a venir hoy porque tiene fiebre, me da alguna
tarea? Rebuscas en la valija, salen algunas antigüedades vergonzosas. ¡Léale un
cuento y que lo dibuje! ¡Que escriba la parte que más le gustó!. Es la hora.
Todos a formar. La maestra de turno se olvida de venir. Tarda … Tarda… Los
chicos se empiezan a poner molestos. Las maestras nos miramos. ¿No viene? ¡No
viene! Yo otra vez no le hago el turno, se queja una del fondo. ¡Andá a
llamarla!, le dicen a la que está más cerca de la puerta de la dirección.
Pero la "de turno” está en el baño. Al
fin sale. Con cara de mala gana les dice. ¡Si no se callan, les descuento cinco
minutos de todos los recreos.! Los estoy esperando …(se invierten los papeles,
ella nos espera a nosotros) ¿No se dan cuenta? El de la mochila roja ¡se puede
quedar quieto!!! Las maestras miramos con cara de asesina a todos los de
mochila roja. Saluda y por fin todos a los salones. En cada aula empieza a
repetirse la vida cotidiana. Poner fecha. Abrir el armario "que no abre”. Sacar
el cuaderno. No tengo punta. No tengo
sacapuntas. Tengo moco y mami no me dio el pañuelo. Interrumpe el portero.
Interrumpe la mamá de Mario Pérez. Recreo. Golpes, juegos, golpes, hielo en la
cabeza. El servicio médico llega a tiempo. Timbre. Segundo round. Al aula.
Intento comenzar la clase que he planificado con antelación. Un hermoso cuento
que mis alumnos sabrán valorar en plenitud. A los niños siempre le gustan los
cuentos… salvo a "estos” chicos. Codazos, empujones, uno se cae de la silla y
aplasta al compañero. Interrumpo el relato, no es grave el golpe, intento
nuevamente retomar el cuento, noto que el interés se ha instalado: escuchan,
acotan con preguntas interesantes y gestos de asombro… una clase maravillosa.
De pronto… la puerta se abre y aparece Mary la portera, pidiendo la planilla
completa porque la "Dire” la quiere ya… Entrego la planilla mientras la hermosa
rueda que habíamos armado ya no existe. En un rincón, una pila de piernas y
zapatillas; en el otro rincón, las nenas protagonizan una discusión, pelo en
mano, no él es mío, no mío. Apelo con paciencia y psicopedagogía a los recursos
del maestro; luego de un rato, los olvido para retomar el clásico grito
magistral…. ¡Se sientan y se callan! ¡Cuento hasta tres!! Miro el reloj, el
portero se olvidó de tocar el timbre. No resisto más… yo también me quiero ir
como los chicos. Salimos al recreo: golpes, caídas, chichones, hielo,
escupidas, ¿servicio médico otra vez? No es nada, solo un raspón. Llantos.
Tumulto en el kiosco. Un nene se hizo popo en los pantalones, me dice Norma. No
saben si es de mi primero o de segundo (que no sea mío, que no sea mío… ¡Es mío!)
Cierro los ojos, aprieto los puños. Allá voy. No hay otro pantalón. Buscar el
teléfono o dirección (urgente). Llamar a la mamá . Tumulto en zona de baños: un
nene se hizo en los pantalones. Parecen fans de Ricky Martin esperando un
autógrafo. El nene llora. Se esconde detrás del inodoro. No quiere salir. Le da
vergüenza. La madre, obviamente no la pudieron ubicar. Viene un hermano un
poquito más grande. Trae un pantaloncito, no calzoncillo. Toca el timbre. Los
fans de Ricky Martin se retiran. El nene se viste llorando y se va. Entramos.
Enseño uno más uno. Dos..dos.. Con palitos, con bolitas, con chapitas. Material
concreto, material representativo, material abstracto… luchar por enseñar,
limpiar, cobrar, correr, hablar, gritar, explicar, susurrar, actuar, repartir
alfajores, galletitas, papelitos, la plata del fondo para el té de la tarde,
limpiar moquitos, atar cordones…. Firmar circulares, escribir actas, cobrar
cooperadora, recoger dinero de rifas, ordenar bancos, comprar empanadas,…
Reunirte con la psicóloga de uno, con la
fonoaudióloga del otro, hablar con la psicomotricista de "fulanito” y la
psicopedagoga de "menganito”. Si te pasa
algo de esto, si al llegar a tu casa desfallecés en un sillón y tardas tres
horas en recuperarte, si al encontrarte con otra maestra, los novios y maridos
quedan como solos, porque ustedes hablan todo el tiempo de la escuela; Si para
pensar en lo que ocurre en un día necesitas cuatro, no te sientas sola. Los
maestros recepcionamos multidemandas y las resolvemos en forma urgente. Vivimos
con una sensación de vértigo continuo. Acción sobre acción, que entreteje una
práctica impregnada de hechos aislados sin posibilidad de reflexionar sobre el
propio trabajo, todo lo cual nos lleva a desdibujarnos como trabajadores y como
personas. Pienso en todo eso cuando
escucho a la de turno decir: hasta mañana chicos…. Y un solo griterío coral de
los dulces niños responde: Has-ta-ma-ña-na-se-ño-ri-taaaaaaaaaaaaa… Y te vas,
ahí termina tu trabajo??? Noooooooooo.
Después de esas 5 horas que estás en la escuela, te esperan
otras tantas horas más dedicadas a corregir y corregir… fines de semana sentada
frente a una computadora con miles de libros motivadores para hacer
planificaciones que tanto soñás y que llegadas al aula sólo resultan la mitad..
Tener que decir que "no” cuando te dicen: ¿te prendes?.. No, no y no! No puedo,
tengo que armar el acto, planificar la semana para presentar en dirección,
corregir la pila de cuadernos y…. Limpiar la casa, hacer la lista del súper
para toda la semana, lavar todo lo que se me acumuló y por supuesto ver si mis
hijos me reconocen como madre y si mi marido aún está esperándome… Sí, soy
maestra y a pesar de todo… vuelvo a elegir esta carrera. Para los que son
docentes, para los que padecen a algún familiar docente y para los que no son
ni tienen conocidos docentes y piensan que los docentes trabajamos 4hs y
tenemos 3 meses de vacaciones…. Este es el fiel retrato de un día de trabajo de
una maestra, y sin contar que hoy a Juancito lo vinieron a buscar a las siete y
yo ahí parada como un soldadito, la mamá llega y se lo lleva sin agradecer,
será que de tanto esperar me habré convertido en estatua?? Menos mal que el
viernes termina, sólo quedan algunos días para la primavera, Mi Dios! ¡Qué lindo! Así es un día normal de
la docencia.