Por este motivo la acción de ser infiel aparece como negativa, porque cuando se ejerce ataca más a un ideal que a una norma social. Para Caruso, el amor de los amantes está cargado del impulso de muerte, pues los amantes aceptan que su relación es sacrificable, que tiene que ser dolorosa y tormentosa, resignándose a gran dosis de dolor y muerte.
La monogamia y fidelidad no son sinónimas, ni la primera implica la segunda. Por el contrario, un vasto examen antropológico arroja el resultado de que la infidelidad y el adulterio pueden ser considerados un hecho universal de la cultura, independientemente de su nivel de desarrollo y de su frecuencia estadística. “Nadie muere mocho” decían en el campo…
Las ideas de los psicólogos evolucionistas parecerían demostrar que la fidelidad estricta es contra biológica y contra cultural. Sin embargo, también es cierto que como parte de nuestro desarrollo moral y ético (Darwin creía que el varón era el único animal moral), somos potencialmente capaces de revertir conscientemente estas determinaciones biológicas a partir del desarrollo cultural y elecciones humanas. Sin embargo aun hoy en grandes cambios culturales, sociales y a veces legales, la mujer es la más condenada.
¿QUIÉN ES MÁS INFIEL, EL VARÓN O LA MUJER?
Existe el mito de que el varón tiende más a ser infiel que la mujer, porque tiene una mayor necesidad sexual. Pero un problema social como el adulterio no se puede resolver con un argumento biológico, por el contrario lo agrava, tolerando más esta conducta y el machismo. Pero hoy la mujer también es infiel y mucho más frecuentemente de lo que imaginamos. Durante siglos las necesidades de las mujeres han sido ignoradas, y se han decidido a experimentar sus deseos, incluido el placer sexual.
¿Los motivos?
En los varones la necesidad de reafirmar su autoestima y machismo, la búsqueda de variedad sexual, no dejar pasar una oportunidad o la insatisfacción sexual en la pareja.
En las mujeres, la insatisfacción afectiva, indiferencia, los problemas de comunicación en la pareja, sensación de no sentirse importantes y una sexualidad muy mecánica y poco creativa son factores desencadenantes de la infidelidad.
La crisis de pareja: hay que tener en cuenta que muchas parejas luego de una infidelidad han crecido y evolucionado, porque supieron transformar una crisis en una oportunidad de progreso. Por supuesto que esto implica madurez, diálogo y entendimiento. Una infidelidad no siempre es negativa, lo que es negativo y destructivo es la manera en que habitualmente se maneja la situación. El despecho. La vergüenza.
Reconstruir la pareja luego de una infidelidad. No debe hacerse por los hijos, ni por la profesión, ni por el escrache social, ni por la economía, ni por temor a la soledad, sí existe la posibilidad de reconstruir una relación donde hubo infidelidad es en base a la comprensión y al perdón, los que asumen seguir adelante a pesar de todo haciéndose cargo de esa decisión y no haciendo cargo a la otra parte.
Pero para ello es necesario:
-Abandonar el papel de víctima contra engañador.
-Tener una comunicación abierta con la pareja.
-Analizar los motivos.
-Reflexionar en que si las razones de su relación (amor, confianza, estabilidad) todavía siguen siendo válidas.
Debemos estar concientes de que, para que se rompa una relación, no es necesaria la existencia de un amante, sino que es suficiente con perder cosas tan valiosas como el placer de estar juntos, el calor emotivo, la intensidad, la satisfacción sexual o la comunicación.
BRUNO JEREZ
Psicólogo-Abogado
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