Los vecinos agrupados y aunados por el espanto se apersonan a la Divisional local de Agua Potable y pocas veces son recibidos por el encargado. Un tal Lucero que lo hace esperar horas para brindar respuestas retrucas y promesas imposibles –o no…- de cumplir debido a que entre este ente provincial y la empresa CEOSA se tiran la pelotita por la cuestión de la jurisdicción.
No puede decirse que en Andalgalá no hay agua porque la Madre Naturaleza es muy previsora en este valle de lágrimas. Se han construido tres enormes cisternas que acumulan casi todo el caudal del Río Andalgalá, destinada al consumo humano.
La gente conoce la situación por lo que no puede aceptar que diariamente el servicio se vea resentido por estos dimes y diretes entre ambas empresas que deben ponerse las pilas y solucionar de una vez el problema del agua potable.
Los andalgalenses son bendecidos por la naturaleza pero, a pesar de ello y parafraseando al lelo gobernador, deben rezar diariamente a “Tatita Dios” para tener un poco de agua para cocinar e higienizarse, mientras el agua potabilizada se estanca inútilmente en las cisternas.
Entonces ante “qué serrr” solamente cabe decir: Chabones… ¿De qué lado están?