Y se supone que para los que llevamos algún tiempo en esta profesión la capacidad de asombro debe hallarse prácticamente colmada. Pero no es así y ocurren accidentes poco menos que increíbles y –obviamente-, por culpa pura y exclusivamente de la gente que se maneja con absoluta irresponsabilidad asentada en la ignorancia.
Lo señalado viene al caso con motivo de lo ocurrido en la Escuela “Javier Castro” a primera hora de la tarde el pasado lunes 15 de noviembre cuando un alumno de segundo grado y ocho años de edad fue mordido por un perro de raza “Pitt Bull”.
Según pudo saberse, al colegio habría ingresado un chico acompañado por dos de esos perros compartiendo el patio escolar. Por causas desconocidas uno de los perros atacó a un niño de ocho años y le produjo serias lesiones en una de sus pantorrillas. Trasladado de inmediato al Hospìtal de Niños “Eva Perón”, fue necesario someterlo a un acto quirúrgico y conjurar una hemorragia. A título de justificación, una docente manifestó que “los chicos son traviesos”. ¿Y eso justifica la presencia de los Pitt Bull en el patio del colegio? ¿Son tan pequeños –esos perros-, que no fueron vistos por ningún responsable del establecimiento? Son interrogantes que alguna autoridad deberá responder en nombre de la seguridad que debe existir en un colegio.
Por cierto, surgen –obligadamente-, los interrogantes relacionados con la presencia de un niño acompañado por dos ejemplares de una raza singularmente peligrosa que ha protagonizado numerosos accidentes atacando a niños y adultos indiscriminadamente. Se tiene la impresión que se trata de animales de conducta errática e imprevisible y de una ferocidad que los lleva incluso, a matar.
En edición anterior nos hemos ocupado de esta clase de animales que juntamente con los “dogos argentinos” “inventados” por Nores Martínez, un criador cordobés, para utilizarlos en la caza de jabalíes o “chanchos del monte” deben ser los perros más peligrosos para tener como mascotas en el hogar.
Supuestamente los Pitt Bull son utilizados en tareas de vigilancia acompañando a personal de seguridad pero es evidente que hay algunos que conviven en casas de familia al amparo –o no-, del supuesto desconocimiento de sus ocasionales dueños sobre las características hereditarias de esos animales puesto que son “lupoides”, entre sus ancestros estuvo el lobo.
Existen iniciativas destinadas a organizar un registro de perros peligrosos no aptos para convivir en hogares pero que se sepa y hasta la fecha, nada se ha conseguido en materia de ubicar a esos animales en lugares adecuados. Es –lamentablemente-, la vieja historia del “Estadio ausente” que se materializa a través de las más variadas circunstancias.