Reductores de velocidad que son “aumentadores” de accidentes

La información periodística hizo saber de un grave accidente ocurrido en Andalgalá cuando dos jóvenes motociclistas cuyos apellidos son Romero y Mercado, por esquivar un reductor de velocidad, embistieron un árbol de gran tamaño. Fueron trasladados al San Juan Bautista en un vuelo sanitario. 
lunes, 29 de noviembre de 2010 00:00
lunes, 29 de noviembre de 2010 00:00

Fuentes vinculadas con el hospital dijeron que  uno de ellos –Romero-, permanecía en estado crítico en  momentos de elaborar esta nota. (21.45 del domingo 28 de noviembre).

En el caso de este accidente se advierte un elemento no habitual en este tipo de siniestros. Nos referimos al reductor de velocidad o “lomo de burro” como también se los conoce y   destacamos que no es aventurado afirmar que el 90 por ciento de estos dispositivos adolecen de gruesas y peligrosas falencias.

En un reciente viaje que efectuamos a la ciudad de Santiago del Estero pudimos observar que, a partir de Huacra, comienza una sucesión de estos elementos que permiten expresar, por caso, que no debe haber dos iguales. Que la mayoría carece de una señalización correctamente ubicada para advertir a los conductores de automotores sobre la presencia de un “accidente geográfico artificial”  como son estos reductores.

Que en general y salvo pocas excepciones, en horas de la noche pueden pasar inadvertidos porque no poseen una señal luminosa (luz amarilla que enciende y apaga permanentemente) indicando la  existencia del obstáculo.

Que en muchos casos, el letrero que advierte sobre la existencia del reductor está ubicado demasiado cerca del obstáculo o casi invisible cubierto por la vegetación que hay en las banquinas.

Resulta más que evidente que los que disponen la instalación de estos artefactos carecen de un mínimo de conocimientos técnicos en materia de seguridad vial, sentido común, imaginación y responsabilidad. Están colocados a tontas y a locas y se da el caso de que se hallan tan próximos unos de otros que para superarlos los automotores deben circular “a paso de hombre”.

Que no se advierte la existencia de lugares aptos para que puedan circular ambulancias y bomberos, detalle no menor que habla de improvisación y absoluta falta de previsión.

Por cierto, son numerosos los inconvenientes que ocasionan estos aparatos pero la gente opta –en la mayoría de los casos-, por no presentar reclamos ante los municipios.

Es evidente que se impone una normativa a través de la cual se unifique la altura de estos dispositivos al igual que la dimensión de las dos rampas que integran estos aparatos. Es obvio que la situación actual exige la adopción de medidas tendientes a poner orden en estas cuestiones que afectan en gran medida la seguridad tanto en el tránsito de automotores como en lo tocante a la integridad física de las personas.

En el caso que motiva estas líneas se sabe que ni Romero ni Mercado llevaban el caso protector y eso, justamente, sería el argumento que podría esgrimirse para cubrir lo otro: la instalación de un reductote de velocidad en inmediaciones de un árbol de gran tamaño que pone en evidencia la mencionada “falta de imaginación”. Al descuido de los motociclistas no usando el casco, se suma la irresponsabilidad de colocar un “lomo de burro” sin medir las consecuencias que ello podría acarrear ante una mala maniobra, cosa muy frecuentes ante estos obstáculos

Pero como suele ocurrir, no todo es negativo en este lamentable siniestro y no sería justo obviar el señalamiento de la actuación que le cupo a la Dirección Provincial de Aeronáutica. Nuestras fuentes permiten establecer que el pedido de vuelo sanitario se recibió en la DPA a las 12 del mediodía y dadas las condiciones de uno de los heridos (múltiples fracturas de cráneo) el traslado no sería posible en el pistonero bimotor >Piper PA 31 “Navajo” puesto que éste no posee cabina presurizable.

Se hizo necesario trasladas toda la aparatología al biturbo “Cheyenne II” que dispone de cabina presurizada. Haciéndola corta, digamos que dos horas después de recibido el pedido de traslado, los heridos estaban en  el aeropuerto Felipe Varela. Vale destacar que en estos traslados actúan, indefectiblemente, médicos habilitados por la Fuerza Aérea Argentina quienes juntamente con los pilotos, personal de rampa y ayudantes concretan un valioso objetivo que preside el accionar de la DPA: “Servir a la comunidad”.

Por nuestra parte, unimos nuestros ruegos a los de quienes imploran la ayuda del Todopoderoso iluminando a los médicos que asisten a estos jóvenes.

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