¡Y mañana serán hombres!

La información policial nos atropella cruelmente consignando un hecho de sangre protagonizado por un chico de 14 años y otro de 16 cuyos nombres no consignaremos por respeto a la ley, a los protagonistas y a sus familiares. 
lunes, 8 de noviembre de 2010 00:00
lunes, 8 de noviembre de 2010 00:00

La torpeza y la falta de oficio de algunos “colegas” ya se encargaron de señalar poco menos que hasta el número del DNI de los implicados. Se tiene la impresión de que en algunos medios no tienen Correctores y si los tuvieran carecen de los conocimientos necesarios para impedir la publicación de datos personales identificatorios de menores, colocando al diario en posición de ser sancionado sin mengua de una posible demanda judicial. En nuestro oficio existen los Jefes de Redacción que “paran” una crónica con esas falencias.

Tampoco vamos a desarrollar una prolija, detallada y morbosa descripción del incidente registrado el fin de semana en proximidades de la Escuela del Barrio Apolo. Ya hay quienes se han encargado de ello extendiendo su amarillento brazo hacia la madre de uno de los chicos. Para “ponerla en la vidriera”. “Es mala leche”, sentenció el chusco.

Si hay un estilo periodístico que nunca nos atrajo, es precisamente el que utilizaba el diario “Critica” del  tristemente célebre Natalio Botana experto en cronicar hechos de sangre. Cuanto más sangrientos, mejor.

Lo que preocupa, alarma y entristece es la existencia de jovencitos –casi niños-, dotados de un temperamento inclinado claramente hacia la violencia. Hacia el delito. Lo señalado se nutre también de la crónica policial que nos acerca información vinculada con menores `participando en arrebatos de celulares, robo de mercaderías y actos vandálicos inconcebibles.

Cuando esos seres deberían verse atraídos por la práctica de algún deporte o concurriendo a una biblioteca para ilustrarse y ser un alumno destacado en el colegio al que asisten, la realidad nos muestra un panorama  muy distinto que no sólo asombra  sino que es causa de profunda congoja.

Como no somos jueces, no juzgamos. Señalamos hechos concretos y formulamos preguntas tales como ¿Qué está fallando en esta sociedad? ¿Quién es el responsable de este estado de cosas? ¿Al sistema educativo se le puede cargar alguna clase de falencias operativas  causantes luego de estos hechos? ¿Es la tan cacareada falta de empleo la causa de que ocurran estas cosas? ¿Debemos atribuirle a la inseguridad generalizada la existencia de niños armados con cuchillos o armas de fuego como informan los medios en reiteradas ocasiones?

La sociedad poco  puede hacer en estas circunstancias pero sospechamos que   no está haciendo nada positivo. No tenemos una buena comunicación con nuestros hijos. Confían más en alguien de afuera que en nosotros sus padres. Internet, Facebook o Twitter son  más creíbles y amados por miles de jovencitos de ambos sexos que a sus familiares.

Ni qué hablar de los “boliches bailables”, “la previa” y todos los rebusques que se habilitan para que los chicos consuman alcohol y drogas. Hay programas de televisión que se encargan de mostrar la agresividad desatada entre los jóvenes –varones y mujeres-, a partir que el nivel de alcohol en sangre aumenta lo suficiente para convertirlos en seres irracionales. El saldo es bastamente conocido, con pérdidas irreparables de vidas jóvenes.

No hay reproches para los propietarios de esos antros que estimulan psicológicamente a los chicos para que se atiborren de “tragos” que pueden resultar causa de muerte. No todos los organismos están en condiciones de procesar una ingesta excesiva de alcohol etílico. La mezcla con la inhalación de humo de marihuana o alguna otra sustancia son un tremendo negocio para unos pocos y un seguro e inapelable riesgo para la salud de los jóvenes. 

Es evidente que la agresividad evidenciada por los jóvenes es un problema que va en constante aumento. A quien lo dude lo invitamos a consultar archivos periodísticos de hace  cinco, diez o quince años atrás. Incidentes protagonizados por jóvenes eran una verdadera rareza. Docentes agredidos por sus alumnos o por progenitores de éstos, algo inconcebible. A nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido semejante cosa.

Y caemos siempre en lo mismo. El Estado prácticamente ausente. Mirando para otro lado. O rasgándose las vestiduras y echándole la culpa a “la pobreza”. Si así fuera, con ocho o diez millones de pobres que hay en nuestra patria, esto sería peor que Somalía. Ignora –el Estado ausente-, que la inmensa mayoría de los pobres son gente que trabaja y se gana el pan honestamente, sin otra violencia que la que les brinda una sociedad desorganizada,  carente de solidaridad, incapaz de contener y ayudar al prójimo.

No hay un liderazgo digno de crédito, capacitado para trazar un rumbo y motivar al pueblo a seguirlo sin desmayos. Por que una posible solución de estos problemas llevaría tiempo. No es   cosa que se arregle de un día para otro ni por decreto ni por imperio de la Divina Providencia.

Es una tarea que deberá ser encarada - pero en serio y sin desmayos  o renuncias-, por toda la comunidad sin excepciones, Existen los especialistas y los recursos materiales. Falta -¡Cuándo no!-, la decisión política.

Mientras ello no ocurra seguiremos asistiendo a penosos episodios como el que motivó estas líneas y habrá que prepararse para que se repitan, agudizados,  hasta el infinito y afligirnos ante el panorama de un futuro incierto manejado por los hoy jóvenes violentos que “Mañana serán hombres”…

 

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