“Capacidades Diferentes”, un eufemismo mentiroso

Los inconvenientes e incomodidades que derivan del hecho de padecer una discapacidad que obliga a movilizarse en una silla de ruedas se ven aumentadas significativamente por las habituales “barreras arquitectónicas” (De las cuales nos hemos ocupado con anterioridad).
domingo, 26 de diciembre de 2010 00:00
domingo, 26 de diciembre de 2010 00:00

Pero hay circunstancias en las cuales el  andar en una silla de ruedas se torna en algo poco menos que imposible,  rayano en lo intolerable.

Es cuando el afectado por “capacidades diferentes” debe incursionar en un banco para efectuar alguna operación propia de esas instituciones y de entrada se topa con un mostrador pensado y diseñado para atender a una persona de pie pero no sentada en una silla de ruedas.

Cabe acotar que lo de “capacidades diferentes” es un eufemismo mentiroso. Se trata de personas con una discapacidad funcional que no constituye, ni mucho menos, una “capacidad diferente”. Y que nos perdonen los afectados por alguna discapacidad entre los cuales nos incluimos.

Los problemas para estas personas comienzan en el preciso momento en que arriban a un banco y hay que hacer cola para ingresar o, ya en el interior, se  exige sacar número para ser atendido. Obviamente, hay ya una fila considerable de personas aguardando cuando el policía que cubre  ese sitio acompaña a la persona de la silla y la ubica en primer lugar en la fila.

Otorgar esa facilidad es algo perfectamente establecido y se inspira en un acto solidario, destinado a facilitar la gestión de un discapacitado.

Sucede que  esa gentileza puede repetirse o reiterarse en circunstancias poco favorables como es comenzar a hacer cola a las seis de la mañana y cuando se está por ingresar al local bancario aparece el policía ubicando a una persona con su silla de ruedas que queda  instalada en un lugar privilegiado sin haber hecho cola. Cuando los ánimos están caldeados por las altas temperaturas y las largas colas que hay que hacer – por caso-, para cobrar una jubilación o pagar un impuesto, el otorgamiento de esa preferencia puede no resultar agradable y es motivo de disgusto para los que se ven postergados por imperio de un acto solidario.

Es evidente que los bancos no cuentan con instalaciones adecuadas para la atención de discapacitados. Lo ideal sería habilitar “boxes” aptos para la atención de estas personas con su acompañante. 

Se concretaría un mejor servicio al cliente y la solidaridad sería bien vista, aceptada y aplaudida por todos. Empezando por los discapacitados.

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