Ante la proximidad de las festividades religiosas por la Virgen del Valle primero, y las fiestas de Navidad y del Año Nuevo después, se hace imperioso que se programen verdaderos operativos de seguridad en toda la provincia para garantizar la vida y los bienes de los ciudadanos.
Los operativos de control vehicular, automóviles, bicicletas, colectivos recargados de pasajeros que pasan por los puestos camineros, todo debe ser previsto con la suficiente antelación a la fiesta religiosa del 8 de diciembre próximo.
Pero además, para poder brindar tranquilidad y seguridad a los peatones y comerciantes que se darán cita al microcentro capitalino para realizar las tradicionales compras de fin de año, es urgente incrementar los patrullajes y controles para poner frenos a punguistas y “mecheras”. Los operativos deben aplicarse con más fuerza en zonas comerciales donde la ciudadanía se aboca a hacer compras para las fiestas de fin de año.
Ojalá esto que parece obvio, pero que no siempre se hace, este año se cumpla. La inseguridad en nuestra Catamarca, hasta hace no muchos años autodenominada “residencia de la simpatía”, ha crecido exponencialmente, aunque los funcionarios lo nieguen, o el mismo Eduardo Brizuela del Moral lo ignore.