Mucho turismo

Andalgalá © Durante los días que siguieron a la Navidad, la ciudad de Andalgalá ha comenzado a recibir un importante flujo de turistas que llegan desde distintos puntos del país y el extranjero.
jueves, 30 de diciembre de 2010 00:00
jueves, 30 de diciembre de 2010 00:00

Se trata de mucha gente nativa de esta ciudad que por razones laborales o familiares residen en otros lados, pero que en Año Nuevo, regresan a su pueblo natal en busca de reencontrarse con sus raíces, pasar unos días de solaz y luego de la primera quincena retornan a sus lugares.

Por estos días, el centro de la ciudad se ha visto literalmente invadido de personas con tonada mezcla de porteño y andalgalense  que le dan  una especial fisonomía, propia de fin de año. Reencontrarse con los amigos de la infancia es una constante, los brindis en los bares céntricos y los efusivos e inesperados saludos no extrañan ya a nadie.

El verano andalgalense se recicla durante el mes de enero y la mitad de febrero. En el primer caso, el Festival del Fuerte acapara la atención y mucha gente lo espera con ansia y luego, el Festival Solidario de ADDA se ha convertido en una interesante alternativa para la primera quincena de febrero, todo ello, más allá de lo que prometan las respectivas carteleras.

Lo destacable de todo esto es que a pesar de los apocalípticos mensajes enviados por sectores sediciosos de la comunidad, la temporada 2011 promete ser una de las mejores de los últimos años en términos de afluencia de gente y de proliferación de empresas de servicios y camping en todos los distritos. Tuvimos reportes de que las plazas hoteleras tienen reservas hasta fines de febrero y ya se implementa el alojamiento alternativo en casas de familia

En cuanto al clima, en Andalgalá hace mucho calor es cierto. Las siestas son realmente cálidas como para disfrutar de los cursos de agua y los muchos natatorios,  pero al ponerse el sol, un notable alivio llega al Valle del Conando, con una vivificante brisa que desciende del Cerro Nevado, y a veces es necesario echarse un pequeño abrigo, sobre todo durante las movidas noches fuerteñas.

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