Sapo engualichado en oficina pública

Se sabe por ejemplo que el fantasma del desempleo deambula y hace estragos en las percepciones de muchos catamarqueños; pero un inocente y simpático sapo espantó sobremanera a un funcionario que llegó a convocar a un curandero para que le “limpie” la oficina.
jueves, 30 de diciembre de 2010 00:00
jueves, 30 de diciembre de 2010 00:00

Pasó el lunes; en la Dirección de Cooperativas, a cargo del socialista Alejandro Galíndez, donde apareció un simpático sapo que provocó en muchos una sonrisa, pero en otros una incomprensible preocupación, que rápidamente se transformó en temor.

La primera hipótesis trabajada fue establecer cómo el animalito fue a parar en la oficina del Director, al que los supersticiosos lo relacionan directamente con practica de brujería. No hubo acuerdo al respecto. Galíndez lo que menos creyó fue que se trataba de un príncipe, por lo que se negó rotundamente a besar al sapito. Si surgió la sospecha que lo envió personal  de otra dependencia estatal con la que la Dirección de Cooperativas disputa las oficinas ubicadas detrás de la Feria Municipal.

Pero Galíndez no se conformó con eso; luego ordenó a sus empleados conseguir agua bendita para repeler a esos fantasmas que todos tenemos dentro y que no dejan de acechar. Pero tampoco eso lo tranquilizó al funcionario. Por la tarde contrató los servicios profesionales de uno de esos  hechiceros chamanes, con un posgrado en daños con sapos. El especialista le garantizó al funcionario, además de la absoluta reserva del caso, que su trabajo era infalible lo que aparentemente logró tranquilizarlo.

Otros maliciosos deslizaron que la aparición del batracio podría estar relacionada con las visitas por esa zona  de la ex diputada Marta Torres de Mansilla. Aunque ninguno se animó a proferir acusación alguna si hubo silencios y miradas inquisidoras.

Quienes se burlan de estas historias fantásticas, deben saber que hay tantas historias de fantasmas y brujerías, que llegaron a incomodar hasta el mismo Papa Juan Pablo II, quien en una oportunidad, aunque no se sabe si fue por la aparición de un lindo sapito o qué,  ordenó al piloto de su avión no sobrevolar cementerios; entonces es fácil concluir que si la superstición llegó a conmover al mismísimo representante de Dios en la tierra, porque no habría de afectar a un simple funcionario de Eduardo Brizuela del Moral.

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