Como es de suponer, los vecinos hicieron escuchar sus airadas protestas ante semejante medida, poniendo énfasis al señalar que en ese barrio vive “gente bien” (sic).
Se trata de uno de los populosos barrios existentes al sur de la capital, ubicados entre la Ruta Nacional 38 y el pedemonte del Ambato, un sector en el que se han construido cientos de viviendas en los últimos años.
Juntamente con Villa Eumelia, en estos sectores proliferan grupos de menores que atacan a pedradas tanto a taxis, autos particulares, remises, colectivos del transporte urbano y de larga distancia, ambulancias y hasta se han registrado ataques a patrulleros de la policía.
En el caso de taxis y remises, no son pocos los que se niegan a ingresar a esos barrios luego de las diez de la noche por temor a ser asaltados o. cuando menos, sufrir la rotura de un vidrio o la abolladura de la carrocería como consecuencia de piedras o cascotes de gran tamaño que son arrojados por grupúsculos de vándalos –en su mayoría menores y adolescentes-, que aprovechan la oscuridad para consumar estos atentados.
Otro tanto ha ocurrido con autos particulares y colectivos que han sufrido rotura de parabrisas. Una de las líneas de colectivos que recorre esos barrios está colocando un enrejado en las ventanillas a modo de defensa para evitar que los pasajeros resulten lesionados por un ocasional cascotazo lanzado desde las sombras.
Se han registrado casos en los cuales la policía fue brutalmente atacada y sus móviles resultaron dañados por el salvaje accionar de estos elementos antisociales.
Reviste singular gravedad el hecho que un servicio médico no se haya podido efectuar por culpa de inadaptados que ejercen la violencia en forma indiscriminada, poniendo en riego vidas y bienes de la comunidad.
No coincidirían –al parecer-, los dichos de algunas vecinas enfatizando sobre su condición de “gente bien”. El accionar de sus hijos tira por la borda esas apreciaciones y deja al descubierto la pésima educación que han recibido. Las normas más elementales como son el respeto por todo y hacia todos se halla ausente en las conductas de estos adolescentes proclives al atentado cobarde y destructor. Carecen –los vándalos juveniles-, de un mínimo de respeto y consideración por el prójimo y por los bienes ajenos.
Curiosamente, es esos barrios de “gente bien” en los cuales la policía realiza frecuentes allanamientos y recupera elementos robados incluyendo motocicletas sin mengua del hallazgo de drogas en esos domicilios.
Es cosa habitual que los “motochorros” se oculten en estos barrios, como lo consignan las crónicas policiales cuando se refieren al rumbo tomado por los delincuentes al fugar del escenario de sus tropelías.
Ahora se está ante una situación de extrema gravedad como es la imposibilidad de brindar auxilio médico a una persona domiciliada en esos barrios. La única solución sería montar un operativo de seguridad para proteger a las ambulancias cuando deban ingresar a los barrios de “gente bien”. Será pues, un espectáculo lamentable: una ambulancia rodeada de efectivos y vehículos policiales para poder cumplir con su humanitaria misión de salvar una vida, mitigar el dolor de un enfermo o asistir a una parturienta: todo con custodia policial. Sencillamente lastimoso, Una inmerecida afrenta a la comunidad catamarqueña.