Más allá del error ortográfico, el desafío está lanzado sobre los actores de la minería, en la provincia y en la Nación. No es un secreto para nadie que el negocio que buscan los activistas es generar un hecho político de gran trascendencia mediática, como el que consiguieron en febrero amparados en la inacción y en la abulia de los actores de la minería y del gobierno.
Hoy las circunstancias parecen ser otras. Sobre todo después de las medidas lanzadas en mayo por Eduardo Brizuela del Moral, que tienen como precepto rector la defensa y el impulso de la actividad minera en la provincia, como genuina política de estado.
El anuncio del fin de semana, de tirar abajo el infortunado proyecto Pilciao 16, llega tarde pero oportuno. Si la minería aspira a ser sustentable no puede actuar burocráticamente, mofándose de la gente y sembrando aún más incertidumbre en su seno.
Como en todos lados donde se generan estos conflictos, se observa en Andalgalá un grupo ruidoso, que se expresa todo el tiempo con pertinaz militancia y un sector, que ve con buenos ojos la minería y prefiere el silencio y la “inacción en procura del trabajo potencial.
Que más de la mitad de los empleados de Agua Rica hayan presentado amparos a la Justicia defendiendo su fuente de trabajo o que centenares de andalgalenses se hayan anotados en los cursos de capacitación para futuros trabajos mineros, hablan de un estado de ánimo de quienes quieren paz y trabajo.
En los próximos días, como es de esperar, la movida en Andalgalá irá en aumento. Y será re propalada por sus mentores nacionales.
Es en este nuevo turno donde Agua Rica y el gobierno de Catamarca deben exhibir lo que faltó en el verano: claridad, comunicación, contundencia, acción y firmeza.