Alcanzó a llegar con vida al hospital pero falleció a los pocos minutos de ingresar al nosocomio.
No es motivo de estas líneas señalar –por millonésima vez-, los problemas derivados del no uso del caso protector. Hemos llegado la conclusión que se trata de algo perteneciente al libre albedrío de las personas y cada cual puede elegir la forma de matarse andando en una moto aunque sea de baja cilindrada.
La resistencia mecánica de un cráneo humano adulto es relativamente grande, pero tiene sus límites.
Con posterioridad al lamentable fallecimiento de Carrizo, un familiar hizo declaraciones a una emisora de radio y señaló, con indignada impotencia, que “la ambulancia del hospital había demorado más de 45 minutos en llegar al lugar del accidente y auxiliar a los heridos”.
Por supuesto, esto no es noticia. Ocurre con demasiada frecuencia tanto en la ciudad capital como en sus alrededores. Las ambulancias del HISJB, según parece, tienen problemas y siempre llegan tarde al lugar de un accidente. Y en la búsqueda permanente de culpables, lo primero que hay a mano es el servicio de ambulancias.
Tal vez no se advierte que lo que está fallando es un servicio que tiene sus complejidades. Depende –para su correcto funcionamiento-, contar con automotores en cantidad y en debidas condiciones y personal idóneo para conducirlos.
El aumento poblacional de la capital por una parte y la casi desmesura de la superficie urbanizada han dado lugar a que ocurran accidentes en puntos muy alejados de la base de las ambulancias. Esa podría ser una de las causas de las demoras.
Otras causas podrían hallarse en cuestiones vinculadas con la disponibilidad de personal habilitado para prestar estos servicios. Nos referimos a choferes y profesionales de la medicina que tienen que trabajar en equipo.
Se aprecia como que habría llegado la hora de encarar una suerte de “descentralización” del servicio. O diversificarlo.
Por caso, que en ciertos dispensarios y dependencias policiales permanezca una ambulancia –durante 24 horas-, lista para acudir de inmediato a cubrir un siniestro. Es evidente que produciría un notable ahorro de tiempo.
Se supone que un sistema como el descrito necesita ser prolijamente organizado. Que no quede nada librado al azar.
De este modo, tal vez, se pudiera salvar la vida de algunas personas. Que no es poco y justifica cualquier inversión en vehículos y recursos humanos.