Varios edificios de altísimo valor histórico y arquitectónico fueron demolidos casi a hurtadillas en procura de zafar del cumplimiento de ciertas disposiciones que apuntan a conservar valiosos inmuebles y el robo del corazón de Fray Mamerto Esquiú son sólo un par de ejemplos de lo señalado.
Pareciera que no se cuidan estos tesoros. Que se hallan carentes de protección como consecuencia de cuestiones propias de la burocracia. Con mutuas asignaciones de culpas y responsabilidades. Porque en ocasión de encarar trabajos de mantenimiento los fondos no estuvieron disponibles. O llegaron tarde, mal o nunca.
Desde hace tiempo el estado de la Iglesia de San Francisco –verdadera joya de la arquitectura religiosa y posible “pieza única” en el país-, se ha convertido en noticia a raíz de serios problemas que acusa en su estructura ocasionadas –según se afirma-, por la trepidación que producen los colectivos de gran porte que circulan y tienen parada en la calle Esquiú al 600, sobre el costado Sur de la iglesia.
Según declaraciones efectuadas por el Dr. Cerezo, titular del área de Gobierno de la municipalidad capitalina, se ha resuelto eliminar el tránsito de los colectivos por esa cuadra con el consiguiente cambio de recorrido que deberán efectuar varias líneas. Según el funcionario comunal, de esta forma se evitarán las trepidaciones que producen los rodados afectados al transporte de pasajeros al igual que otros automotores pesados.
Sin ánimo de contradecir lo decidido por el gobierno municipal, se estima que con esa medida no alcanza. Subsistirán las trepidaciones producidas por todos los autos y camionetas que circulen por ese lugar. Serán trepidaciones más suaves o menores, pero trepidaciones al fin que irán minando paulatinamente la resistencia tanto de la argamasa utilizada en la construcción como el resto de los elementos que integran la estructura de la iglesia incluyendo el techo.
No hemos advertido el señalamiento de cuestiones vinculadas con la techumbre del templo. Una superficie de considerables dimensiones que, además de las vibraciones, sufre procesos de dilatación en forma alternativa como consecuencia del calor del Sol, obviamente diferentes si se trata de invierno o verano. Para que se entienda: el techo “se hincha” por el calor del Sol y se “deshincha” cuando refresca al atardecer y la temperatura desciende durante la noche.
Téngase en cuenta que en verano, cuando a las 15 horas se registran 50 grados de temperatura en el techo habrá no menos de 70 grados. Nos consta –y aunque parezca poco serio -, pues en compañía de familiares hemos colocado una sartén con aceite y un huevo en su interior sobre la tierra caliente en horas del mediodía de un verano y al cabo de dos horas el huevo estaba perfectamente cocido.
Vale decir, que tanto el techo como ele resto del edificio religioso se hallan sometidos a dos elementos destructivos: dilatación y vibración.
No se observan en el techo las denominadas “juntas de dilatación” lo cual permite suponer que cuando techo se dilata por efectos del calor, ese movimiento casi imperceptible puede afectar los muros perimetrales y otros elementos del edificio.
Se impone la adopción de medidas más criteriosas. Dejar de lado la comodidad de los usuarios de las líneas de colectivos y declarar “áreas peatonales” las cuatro cuadras que rodean la iglesia. Aunque algunos tengan que caminar un par de cuadras más de lo acostumbrado hasta el momento.
Será menester, también, la elaboración de un informe técnico efectuado por profesionales especializados en estas cuestiones. Resulta imprescindible eliminar las improvisaciones o la adopción de medidas que contemplen intereses ajenos a los problemas que presenta la Iglesia de San Francisco cuya solución se debe encarar de inmediato. Antes de que sea demasiado tarde.