Defensa del Consumidor se reunirá con directivos de la cuestionada Facilagro

El director de Comercio, Efraín Nieva se reunirá hoy a las 10.30, con el vicedirector de la empresa de capitalización y ahorro Facilagro, Darío Molina, con el propósito de analizar algunas de las numerosas consultas y denuncias que han realizado consumidores en contra de la organización que promociona la venta de autos cero kilómetro.
viernes, 14 de enero de 2011 00:00
viernes, 14 de enero de 2011 00:00

La reunión  tendrá lugar en las oficinas ubicadas en Salta 449, participarán los responsables de las áreas de Defensa del Consumidor, que depende de la Dirección de Comercio, quedando abierta también la posibilidad de asistir a todas las personas que –supuestamente-, se han visto perjudicadas por esta `singular propuesta  o que tengan dudan sobre su corrección.

Según manifestaciones del  funcionario encargado del área de Defensa del Consumidor, hasta el momento se han recibido unas 30 o 40 consultas sobre este asunto por parte de personas que se sintieron estafadas a raíz de la falsa promoción comercial y de otras que temen verse perjudicadas. No obstante y hasta el momento sólo se presentó una denuncia  en contra de Facilagro.

La plata en la lata

Nuestros abuelos, inmigrantes en su mayoría, no confiaban su dinero a nadie. Ni a los bancos. Nuestra abuela Margaret guardaba la plata en una lata de té Ceylan (Té de la India). La Nona Lucía lo hacía en una lata de “Té Tigre”. Sucede que tanto el “Te Sol”, el “Te Mazawatee” y los ya mencionados venían en hermosas envases de lata litografiada, tenían un   cierre prácticamente hermético y podían durar un milenio sin estropearse. Otro tanto ocurría con los envases de ciertos productos de tocador. Conservamos un envase de lata litografiada –una talquera-, que tiene más de cien años. Perteneció a nuestra madre de cuando ella iba a la secundaria.

Una voz en la noche

Lo de Facilagro habría comenzado en la madrugada del pasado jueves 6 del corriente, cuando una persona se comunicó telefónicamente con el periodista Gustavo Soraire que conduce el programa de trasnoche de la emisora FM Valle Viejo y contó al aire los problemas que tenía con Facilagro. De inmediato, comenzaron los llamados telefónicos de numerosas personas que señalaban problemas similares que invariablemente, tenían el  aspecto de una estafa, una versión del “Cuento del tío” en este caso “sobre ruedas”.

En todos los casos el conductor del programa se limitó a sugerir a los supuestos afectados a que concurrieran a Defensa del Consumidor para hacer el reclamo.

No hay nada nuevo bajo el Sol

Si bien es cierto que nuestros mayores no confiaban a nadie el manejo de su dinero, cabe destacar que a comienzos del Siglo XX empezaron a funcionar las denominadas “Compañías de Ahorro y Capitalización”. Ofrecían unos puntos más de interés que la Caja Nacional de Ahorro Postal o las cédulas del Banco Hipotecario. Pero el atractivo principal estaba en los sorteos de premios, importantes sumas de dinero que se efectuaban todos los meses entre los clientes que estaban al día.. Un premio de mil pesos, en los años ’30, era más que interesante. Surgieron así empresas tales como “Esmeralda Capitalizacion”, “El Sol”, “La Nación” y luego un dispositivo similar para construir la vivienda propia. Algunos lectores recordarán a “Arca”. “Mi Kasa”, “El Techo”, “El Nido” y  otras por el estilo.

El riesgo que presentaban estas operatorias estaba relacionado con el accionar delictivo de algunos empleados de estas firmas que, de pronto, comenzaban a trabajar “por cuenta propia” y estafaban a los incautos.

En cierto modo se trataba de versiones actualizadas del histórico y perdurable “cuento del tío” en el cual –y duele señalarlo-, siempre hay un componente de avaricia  o de obtener algún beneficio por izquierda y sin esfuerzo que aporta la víctima.

Hace ochenta años el atractivo eran unos intereses mayores que lo normal y premios en efectivo. Luego fueron viviendas. Y desde hace medio siglo a esta parte la oferta tentadora son automóviles y motocicletas con empresas como el “Óvalo” de la Ford, el “Círculo” de Citroën o el “Rombo” de Renault. Todas empresas de cuya seriedad nadie duda pero cada tanto aparecen propuestas nuevas, a veces muy tentadoras que son aprovechadas por verdaderos delincuentes para estafar a la gente.

Obviamente, en estos casos las supuestas víctimas nunca reconocen su parte de culpa. Porque el “Cuento del Tío” funciona entre dos partes. En una está el delincuente, el que estafa. En el otro hay una persona motivada por la avaricia, dispuesta a ignorar ciertas normas de honestidad con tal de obtener una ventaja. Como dato adicional vale destacar que el “ventajero” siempre  sale perdiendo.

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