Es positivo que haya personas sensibles que se afligen viendo niños, algunos muy pequeños, pidiendo dinero en diversos lugares.
La existencia de mendigos no es nada nuevo. Se los halla en los más remotos tiempos de la humanidad y no es aventurado señalar que en no pocos casos se trata de verdaderos profesionales que recurren a cualquier artilugio con tal de componer un personaje que inspire lástima, que conmueva nuestros sentimientos caritativos y provoque el gesto buscado: obtener una dádiva en efectivo,
No es misterio para nadie –el periodismo lo ha consignado muchas veces-, que hay familias que “alquilan” a sus hijos que luego son “dirigidos técnicamente” por personas mayores que los obligan a mendigar. Incluso les fijan un mínimo que el chico debe aportar so pena de ser castigado o privado de alimentos. Estos menores son objeto de una de las más crueles formas de explotación y los vemos a toda hora del día y la noche expuestos a toda clase de riesgos.
Existen formas encubiertas o indirectas de ejercer la mendicidad.
Las vemos cuando un individuo ejecuta un instrumento musical, o hace malabarismos con pelotas o clavas o hace caricaturas y dibujos al lápiz, por no citar otros métodos que existen para recaudar “a la gorra” actuando en la vía pública y afrontando plurales peligros.
Aquí la demanda de dinero está enmascarada por una suerte de contraprestación que se ofrece, similar a la que advertimos cuando un chico reparte estampitas en el interior de los colectivos. El que opta por conservar la estampita entrega alguna suma de dinero. La evidente mendicidad queda disimulada.
Sucede que los ingresos producidos por la mendicidad permiten la supervivencia de grupos familiares, especialmente cuando se trata de familias con media docena de chicos o más y todos se dedican a pedir la moneda con voz quejumbrosa y lastimera que les enseñan a emplear en busca de resultados.
No es motivo de estas líneas mencionar casos en los cuales individuos que ejercían la mendicidad resultaron ser poseedores de verdaderas fortunas.
Negar la dádiva tal vez no sea la solución del problema ni la forma de detectar sus orígenes. De lo que se trata es de que el Estado marque presencia través de programas creadores de empleo en forma simultánea con planes educativos que instalen en el niño, desde temprana edad, el respeto por su propia persona y el concepto de que la obtención de dinero es el resultado de un esfuerzo responsable, de una tarea cumplida acabadamente o del ejercicio de una profesión o de un oficio.
Nunca de alargar una mano y utiliza una voz plañidera implorando por una moneda.
Es evidente que en Catamarca el gobierno que asumió el 10 de Diciembre del año 2003 no determinó prioridades. Tampoco lo hizo en la misma fecha pero del año 2007 cunado fue reelecto.. Obviamente, esas prioridades eran –y siguen siendo-, la vivienda, la salud, la educación, la generación de empleo y la seguridad en un primer plano. Se podría decir, con cierta generosidad, que la gestión del gobierno solucionó parcialmente los grandes problemas y si señalamos estos aspectos es porque tienen que ver con la mendicidad. Todo tiene que ver con todo.
La gestión brizuelista mostró notables altibajos pero pareciera que se había fijado una meta: construir un estadio de fútbol.
Con empeño digno de mejor causa y marcada similitud con el “berretín” de Don Arnoldo con el Paso de San Francisco, el Estadio Bicentenario absorbió fondos en forma susceptible de ser calificada de desmedida y la pregunta surge por sí sola: ¿Cuántas viviendas sociales se pudieron haber construido con la plata que insumió al estadio? ¿Cuántas veces al año será utilizado el estadio? Con toda seguridad, no lo será con la frecuencia y la importancia que tiene habitar una casa, por modesta que sea. A través de la vivienda se podrá recomponer la vida hogareña y rescatar muchos valores que hoy están ausentes de nuestros hábitos y costumbres entre las cuales se halla la consigna bíblica “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”.En lugar de ello, se manda a los niños a pedir limosna. Algo aberrante desde todo punto de vista.
El monto exacto gastado en el estadio es un dato prácticamente desconocido salvo para un reducido número de funcionarios a muchos de los cuales este tema les produce “vergüenza ajena”.
En vísperas de elecciones la ciudadanía debe exigir a los candidatos que expresen con toda claridad qué piensan hacer con las prioridades señaladas en párrafo anterior. Una exposición sensata, coherente, despojada de tintes electoralistas es lo menos que merece el ciudadano quien a su vez, será responsable del destino que otorgue a su sufragio el venidero 13 de marzo.