La medida se inspira en el propósito de brindar seguridad a los niños especialmente en los horarios de entrada y salida de clases.
La medida podría ser excelente si no fuera que estos dispositivos también frenarán el desplazamiento de las ambulancias y los bomberos.
Es indudable que la gente de la comuna capitalina anda en procura de solucionar el formidable problema que presenta el tránsito vehicular apelando a medidas que no pasan de ser “parches”, amagos de soluciones provisorias.
La capital es una ciudad con un trazado urbano antiguo, con calles angostas, diseñada por personas que jamás imaginaron que por esas calles circularan otras cosas que no fueran coches “Victory” y carros tirados por caballos en el mejor de los casos.
El aumento exponencial del parque automotor ha colmado la capacidad de las calles. Los frecuentes embotellamientos están indicando un proceso de saturación cada vez más pronunciado y no ha de ser con “lomos de burro” que se van a solucionar los actuales problemas que –y esto es lo grave--, tienen íntima relación con los accidentes de tránsito.
Según parece, lo primero que hay que procurar es que se reduzca drásticamente el número de automotores circulando por la ciudad.
En un envío anterior señalábamos el procedimiento que emplearon los chilenos para solucionar el problema del “smog” en Santiago de Chile.
Dispusieron que los vehículos cuyas chapas patente terminaran en un número par ingresaran únicamente los días lunes, miércoles y viernes. Consecuentemente, los terminados en número impar podían acceder a la ciudad los martes, jueves y sábados, Los días domingo los automovilistas y motociclistas quedaban liberados de esta disposición.
Los resultados fueron espectaculares y en poco tiempo los santiaguinos volvieron respirar aire puro.
Adviértase que la merma es del 50 por ciento de automotores y los resultados se van a notar en la disminución de accidentes.
Por cierto, esta clase de medidas son resistidas por la población que se mueve con la misma “filosofía” por la cual no usan el casco ni los cinturones de seguridad y se defecan en las normas de tránsito. Y así les va.
Las autoridades ---tanto las municipales como las provinciales--, tienen obligadamente que hacer algo. No puede ser que se sigan matando personas irresponsablemente y el Estado (Municipal y provincial) no adopte medidas que deberán verse complementadas con personal de calle en número suficiente,, debidamente instruido y “a prueba de coimas”.
No será fácil. Pero es posible si se pone fuerza en la ejecución.
Recordemos que se trata de salvar vidas humanas de su propia autodestrucción.