En la mayoría de los casos, se trata de elementos foráneos que han ignorado olímpicamente los estudios efectuados por especialistas de incuestionable prestigio e intachable trayectoria sobre cuya moral nadie –en su sano juicio-, se atrevería a echar sombras.
No obstante, vinieron grupos poco numerosos de individuos que alegan pertenecer organizaciones combativas, con sus rostros tapados y blandiendo garrotes, pretendieron erigirse en protectores del medio ambiente y salvadores de la existencia saludable de los andalgalenses pero sin poder ocultar sus procedimientos violentos, parecidos a los de las “barras bravas” o a la de los “ayatollah” que no tienen empacho en asesinar en nombre de Alá.
Como todo cobarde, a la hora de enfrentar la ley huyeron, dejando a algún grupúsculo de incautos seguidores a cargo de asumir las consecuentes responsabilidades. Fueron las víctimas de una tropelía sin precedentes concretada por elementos antisociales que –invariablemente-, juegan al caos y a la disolución del tejido social.
No es motiva de estas líneas pormenorizar los incidentes habidos en Andalgalá pero no sería sensato silenciar las andanzas de un cantante devenido en ecologista, fanático “protector” -en este caso-, del agua de La Perla del Oeste. Como si el agua necesitara ser protegida de algo o alguien que no sean los derrochones, como los que se lavan los dientes con la canilla del lavatorio abierta, por no citar sino uno de los derroches más comunes que se registran a nivel hogareño.
Nos referimos a un tal “Axel”, de quien se ha ocupado el diario “Clarín” en su edición del pasado 28 de febrero en la sección “Espectáculos” quien, integrando un grupo de sujetos -.en su mayoría porteños-, visitó Andalgalá y “descubrió” que ha aumentado el número de afectados por el cáncer y que nacen chicos con malformaciones. Es obvio que “compró el verso” y salió a repetirlo sin molestarse en verificar la autenticidad y la certeza de esas versiones ampliamente desmentidas por científicos de nota. Compró el verso quizás por su remordimiento a tanto dinero ganado en sus campos pampeanos y una manera de expiar sus culpas es encontrar una causa para financiar. Sentimiento bien aprovechado por organizaciones cuyos líderes se manejan en fabulosas camionetas y viajan a todos los confines del país armando revueltas populares para justificar las canonjías que reciben de artistas millonarios que viven en las comodidades de las grandes ciudades.
Desde este portal nos permitimos sugerirle al cantante/ecólogo/protector del agua que se dedique a lo suyo que –según parece-, es la canción de protesta. Y si desea ocuparse del medio ambiente, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en el Conurbano Bonaerense tiene en el Riachuelo -y en los orígenes del Arroyo Maldonado-, contaminación para trabajar él y sus descendientes hasta la quinta generación. Se es ambientalista en todos lados, no lejos de casa.
Este individuo no es el único que ha optado por dedicarse a la ecología y sus derivados Pareciera que se han “puesto de moda” los movimientos supuestamente ambientalistas que albergan a personas proclives a un fanatismo que hace acordar a los grupos religiosos pertenecientes al islamismo. Ejercen un poder en el cual suelen utilizar métodos extorsivos en procura de obtener objetivos y no les resulta fácil ocultar sus rasgos definidamente fascistoides.
Pese a sus dichos y “declaraciones de principios”, se mueven indefectiblemente por intereses económicos
Lo mejor es ignorarlos y sancionarlos cuando infringen la ley. Es –por lejos-, la mejor actitud que se puede observar en una comunidad organizada y civilizada que rechaza la violencia en cualesquiera de sus manifestaciones. Y que puestos a proteger el agua, los menos indicados serían los que fuman marihuana y promueven la actividad de sectas de muy dudosa procedencia y sinuosa trayectoria. Como alguna que podría funcionar bajo la apariencia de una banda musical.
Juan Aldosivir