Así, desde el televisor, nos ofrecen lo habido y por haber. Desde comida para perros grandes y perros pequeños pasando por alimentos especiales para gatos. Tiempo atrás, en un canal europeo vimos un aviso relacionado con alimento para pájaros ilustrado con un bellísimo surtido de aves voladoras. La comida para peces también está disponible.
Una considerable cantidad de avisos, algunos de “larga duración”. se ocupan de convencernos de las bondades de aparatos para hacer gimnasia en “la comodidad de su hogar”. Algunos de esos aparatos responden a elementos mecánicos que obligan a efectuar esfuerzos musculares relativamente localizados. Otros resultan sencillamente ridículos y rozan lo que podría calificarse como una estafa.
Se advierte –en la TV-, una profusa oferta de elementos de uso culinario capaces de hacer pan francés, asar costeletas, freír papas, elaborar “hot dog’s” , “brochettes”, tortas de todo tipo y sin que una sola pizca de humo afecte el ambiente.
Ni qué hablar de las picadoras de carne, verduras y exprimidoras de frutas capaces de extraer varios litros de jugo de una misma naranja.
En lo tocante a sartenes, ollas y cacerolas hay para entretenerse un largo rato tanto por su variedad como por la ingeniosidad de ciertos dispositivos que son ofertados como regalo “si llama dentro de los próximos diez minutos”, tanto como para no desairar a la telefonista que está aguardando su llamado. Es una forma solapara de apurarlo al ocasional cliente para que se decida y envíe todos sus datos personales, su dirección y número de su tarjeta de crédito como para que en lo sucesivo alguien que no es la autoridad policial tenga un prontuario del televidente.
La lista de los artículos que se ofrecen por televisión, enmarcados en la técnica de la denominada “venta telefónica” sería interminable.
Pero hay un aspecto muy especial en este asunto y es la venta de productos supuestamente medicinales en algunos casos, para la higiene y belleza personal en otros y fundamentalmente los que –según la publicidad-, sirvan para rebajar de peso o para regularizar el funcionamiento de los intestinos, disipar los malos olores provenientes de los hongos en los pies y el sudor en las axilas.
Hay pastas dentífricas y productos para hacer gargarismos, indicadas para combatir el mal aliento, algo que resulta muy “molestoso”.
Abunda la oferta de lociones para hacer crecer el cabello y –por contrapartida-, la crema para eliminar el vello en el labio superior de las damas. Estos avisos suelen verse en un mismo programa y no sería raro que a un domicilio llegaran los dos envíos: la loción para el caballero que se está quedando pelado y el afeite para la señora a la que le está saliendo un evidente bigote.
Cabe preguntar: ¿Esos productos están aprobados por la autoridad sanitaria estatal? ¿No pueden resultar peligrosos para la salud?
¿El que compra un aparato para reducir la barriga tiene las vértebras en buenas condiciones y debidamente ubicadas? ¿No hay ninguna norma que regule y controle la emisión de estos mensajes publicitarios? ¿Quién controla la calidad y la inocuidad ( o no ) de los productos en los que es menester su ingesta o su aplicación sobre la piel?
Supuestamente y según leyes en vigencia, estos productos deben ser comercializados a través de las farmacias y bajo la supervisión de un profesional.
En cierta medida y a través de estos avisos se soslaya la intervención de los profesionales. Sean estos farmacéuticos, fisioterapeutas, traumatólogos, clínicos. dietistas o profesores de Educación Física
En algunos productos que deben ser ingeridos suelen mencionar que el componente activo es un fruto o las hojas de algún exótico árbol o enredadera que crece en un desconocido lugar del planeta.
Lo cierto es que si uno hace un resumen de lo que le ofrecen en la tele, llegará a la conclusión de que somos una sociedad de gordos, sucios, malolientes y estreñidos y que en la Argentina se puede ejercer la medicina ilegalmente sin que nadie tome cartas en el asunto porque el Estado brilla por su ausencia. Siempre y cuando se posea un televisor y un teléfono. Para el ¡ Llame yá !